09/12/1995

Edmund White. La hermosa habitación está vacía

Edmund White. La hermosa habitación está vacía. Traducción de Albert Freixa. Destino. Barcelona, 1995. 290 páginas.
       
       ANTES DE LA MUERTE DE JUDY GARLAND
       
       Una tarde de junio de 1969, hombres bailan con hombres en el Stonewall, un pequeño bar del Greenwich Village de Manhattan; de repente, un negro interrumpe la juerga para dar la noticia de la muerte de Judy Garland. Pocos minutos después, la policía entra en el local en una de sus habituales redadas de limpieza, pero los clientes—por primera vez en su vida—plantan cara al grito de "lo gay es bueno". Aquel enfrentamiento marcó el inicio de la "etapa del orgullo" en la historia de una minoría que—al contrario de Judy Garland—se negaba a perder la oportunidad de ser feliz.
        Aquella tarde, en el Stonewall, se encontraba el narrador de La hermosa habitación está vacía, un novela intensamente autobiográfica que prolonga La historia particular de un muchacho; si en ésta, Edmund White nos hablaba de un adolescente que descubría su homosexualidad, en su continuación, el héroe ha de aprender a vivir con ella. Este relato sincero, emocionante y terso—como los buenos libros de memorias— transcurre en los diez años anteriores a aquellos disturbios de liberación.
        A sus 54 años, Edmund white es autor de una extensa obra narrativa, editor de varias antologías y ensayista; por su estudio biográfico de Jean Genet obtuvo el premio nacional de los críticos americanos y la legión de honor de la República Francesa; ahora, es reconocido por todos como un intelectual íntegro y un hombre de letras ejemplar en el campo de la literatura gay.
        La narración de esta novela suya de 1988 discurre en tres niveles. Más cerca de la superficie, nos hallamos ante un "tratado de costumbres", una guía de los códigos de conducta de una comunidad que ha de vivir el sexo a escondidas; a este nivel pertenecen algunas de las mejores páginas del libro, aquellas que tratan del ritual de los urinarios, lo que el narrador llama su "larga condena de los lavabos". White sabe situar su punto de vista entre la repugnancia y la atracción con una crítica llena de gracia y rebosante de comprensión.
        En un segundo nivel, más profundo, esta novela supone una valiosa, cruda crónica de la intolerancia en las décadas de los 50 y 60, cuando los americanos estaban demasiado orgullosos de su nación como para permitir comportamientos fuera de la norma: familiares y psiquiatras, vecinos y políticos coincidían en situar la homosexualidad como uno de "los crímenes más abyectos" junto con el comunismo y la adicción a la heroína; es más, incluso la izquierda se negaba a conceder entidad política a la minoría homosexual. Y desde este contexto, llegamos al corazón del relato, en el que seguimos la trayectoria íntima de un joven adulto que odia su sexualidad porque cree que puede cambiarla; que se somete a tratamientos médicos para "curarse"; que desea madurar y no puede, bloqueado por la obsesión de su diferencia. La novela fluye serena, sin rencor de víctima, por un trayecto poblado de cuerpos sin rostro ni voz, pero también de amistad y de romanticismo, hasta ese 22 de junio en que muere Judy Garland; después vino una década de euforia y a continuación llegó la plaga; años que el narrador de La hermosa habitación... vive en la última parte de esta trilogía, La sinfonía de los adioses, todavía en fase de escritura. Albert Freixa ha hecho una muy buena traducción del estilo suelto, natural, levemente irónico de Edmund White.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 12. 09/12/1995

Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"