30/12/1995

Nick Hornby. Alta fidelidad

Nick Hornby. Alta fidelidad. Traducción de Miguel Martinez-Lage. Ediciones B. Barcelona, 1995. 350 páginas.
       
       CORAZONES DE VINILO
       
       Aquí hay un hombre de 35 años, un tal Rob, que anda muy preocupado por el tamaño y por el prestigio de su masculinidad. La culpa de esta precipitada caída de su autoestima es de Laura, una ejecutiva encantadora que acaba de abandonarle. Pero Rob, hundido como está, tiene un consuelo: su colección de discos. Los escucha, los ordena y, finalmente, llora encima de ellos.
        No es la primera vez que Nick Horby, un inglés nacido en 1957, se ocupa de una afición en tanto que modo apasionado de vida. En su primera novela, Fever Pitch (Campo de fiebre), escribió sobre un muchacho cuyos sentimientos en el viaje de la adolescencia a la edad adulta estaban ligados a la historia de su equipo de fútbol, el Arsenal; se trata de la más bella y emocionante novela que se haya escrito sobre el alma de un hincha.
        En Alta fidelidad Hornby cambia el deporte de masas por los discos de rock, reggae y country, que su antihéroe vende en una pequeña tienda de Londres, ayudado por otros dos coleccionistas radicales. Ellos tres forman un grupo gracioso, excéntrico, que se pasa el día bebiendo cerveza y confeccionando listas del tipo de "los cinco mejores singles de la historia del pop" o "las cinco canciones que uno prohibiría". Entre la tienda y el pub ellos dan una imagen entrañable de un Londres ocioso y cutre, que sirve de escenario al monólogo sentimental del narrador. Este no es un personaje nuevo porque recuerda mucho al Woody Allen de Annie Hall pero que literariamente estaba sin explotar. Rob representa a un hombre corriente que no es apreciado por sus virtudes sino por los vicios y sombras de que carece", habitante de un fracaso que en gran medida debe a su propia inmadurez, como él mismo explica: "Llegamos a la adolescencia y allí nos paramos en seco; fue entonces cuando dibujamos el mapa y hemos dejado las fronteras tal como estaban". Rob es culto, una enciclopedia en lo musical y un cineadicto; es depresivo, con gran sentido del humor pero con dificultades para relacionarse con los demás porque es básicamente inseguro; es una buena persona —hay un magnífico episodio en el que rehúsa comprar por 1.000 pesetas una colección que vale millones a una esposa despechada y vengativa— pero también puede ser un retorcido.
        El éxito de una novela como Alta fidelidad radica en que está llena de páginas-espejo en las que cualquiera que supere los 30 años puede ver un poco de sí mismo. A ello colabora un estilo fluido y muy natural que potencia la ironía de reflexiones y diálogos. Hornby sabe mantenerte la sonrisa de la primera a la última página haciendo que el lector tome afecto a Rob, lo que constituye su principal objetivo como autor. Ciertamentee, Hornby es capaz de bucear en la mente de un ser con tres preocupaciones muy simples (y no tan fáciles de resolver): algo de dinero para sobrevivir, tres sesiones de sexo a la semana y una mujer que le quiera tal como es. Cuando estas pretensionees le fallan, Rob se hunde en un victimismo, en una autocompasión tan auténtica como cómica. Ese es el gran acierto del personaje: las mujeres no le responden y los clientes no entran en su tienda pero ahí está el lector para comprender cada sensación, cada sentimiento de este hombre solo, tan verosímil, tan conocido.
        La novela tiene otros alicientes añadidos a lo que sería la delicada y divertida construcción de este personaje. En ella hay un estudio de la soledadd, cuya paulatina espesura se erige en clima moral de la narración; ni siquiera en este aspecto faltan los apuntes de humor: el fin de semana que Rob pasa en casa de sus padres es un episodio de verdad hilarante. A todo esto, hay que añadir que para los aficionados a la música popular, éste es su libro. Rob ama a The Clash, Solomon Burke y Bruce Springsteen y detesta a Art Garfunkel, Phil Collins y Diana Ross, pero entre estos amores y estos odios, aparecen innumerables grupos y cantantes anglosajones, que sugieren siempre buenos y malos momentos en una vida; trozos todos ellos de un corazón de vinilo.
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 12. 30/12/1995
       *Si te ha interesado este artículo, puede que te interesen estos otros Vendedor de vinilos, colecccionista de soledades

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"