13/01/1996

Terry McMillan. Ahí te quedas

Terry McMillan. Ahí te quedas. Traducción de Roser Berdagué. Anagrama. Barcelona, 1995. 390 páginas. 2.950 pesetas.
       
       DÍAS DE AMOR Y BATALLA
       
        El éxito que Terry McMillan alcanzó con Esperando un respiro no fue casual, ese bestseller encerraba un oficio y unas ganas tan rabiosas de llegar al lector que desvelaban a una escritora con ideas muy claras sobre la dignidad de la literatura de consumo. McMillan no quiere pasar a la historia de las letras, le basta con crear historias de las que se hable en el café de media mañana, que no emocionen a críticos pero que arañen y acaricien los sentimientos más inmediatos de la gente corriente. Dicho con otras palabras: sin disimulo, pretende escribir libros que hagan la competencia a los éxitos del cine y la televisión, y lo consigue, además, sin ser morbosa ni buscar el escándalo.
        Aunque anterior a Esperando un respiro, la novela que ahora nos llega, Ahí te quedas, muestra toda la brillantez de esta escritora comercial. Argumentalmente, estamos ante el esplendor y la crisis de una pareja negra en la treintena; una historia más sobre la guerra de sexos, librada en un pequeño apartamento de Nueva York. Sí, se trata de un asunto visto y leído mil veces pero McMillan logra que no sueltes su versión hasta la última línea. Veamos cómo lo hace.
        Primero, pone los arquetipos de la literatura afroamericana al día, dibujando personajes que, por encima de cualquier otra característica, son miembros reconocibles de las nuevas clases medias; no son símbolos de nada ni arrastran ningún folklorismo y sobre ellos la autora vierte la doctrina del pensamiento positivo: no te hagas la víctima—ni de los blancos ni de tus padres— porque si te esfuerzas, puedes ser feliz.
        En capítulos alternos, Zora y Franklin narran en primera persona las fases de su relación: el conocimiento, la tensión erótica, la plenitud de la convivencia, el tedio y el enfrentamiento. Un viaje que es una aventura en la que ambos habrán de pelearse con enemigos como el egoísmo, el alcohol o el impulso a tirar la toalla, pero que estará dominado por un optimismo de fondo muy intenso radicado en la voluntad que ellos dos tienen de comprenderse, en eliminar las zonas oscuras del otro.
        McMillan conduce su mensaje sirviéndose de una prosa muy dinámica: por un lado, la alternancia de narradores permite eludir lo que no interesa; por otro, la autora tiene el don de construir diálogos con naturalidad, que aquí contribuyen a airear las chispas en una relación entre personajes muy vitales. Si Esperando un respiro nos sumergía en un mundo exclusivamente de mujeres, esta novela anterior lo hace en el más compulsivo y violento de las relaciones de pareja. Ahí te quedas carece de engaño, rebosa de sinceridad narrativa y no oculta la sana ambición de entretener y vender, lo que consagra a esta afroamericana como una respetuosa escritora de éxitos.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 12. 13/01/1996

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