01/03/1996

John O'Brien. La última copa

John O'Brien. La última copa
       Juan Marín. Publicado en El País / Tentaciones p. 6. 01/03/1996
       
       Cuando Stuart Regan, un anticuario metido a productor de cine, localizó a John O'Brien para precontratar la adaptación de su única novela publicada, Leaving Las Vegas, se sorprendió de que el escritor no saltara de alegría. John estuvo educado pero ostensiblemente serio durante la entrevista: le preocupaba que la industria de Hollywood pusiera un final feliz a una historia cuyo plácido sentido de la tragedia él no estaba dispuesto a permitir que se manipulara; ahora es fácil imaginarse a John mirando el cheque de 2.000 dólares que el productor le entregaba y pensando en cómo se lo bebería.
        Bebió la vida hasta morir. Aparte de esto pocas cosas se saben de él: nace en una familia de clase media y va al instituto en Cleveland; se niega a entrar a la universidad y a los 19 años —con dos metros de altura y oliendo a cocacola—se casa con Lisa, una compañera de clase; empieza a beber; a los 23 años se va a Los Angeles. Entonces ya tiene dos pasiones: el alcohol y la fotografía. Las financia con subempleos en restaurantes de los que le echan por ausencias injustificadas. Desayuna vodka, come whisky y cena tequila. Logra mantenerse sobrio durante poco más de un año y escribe su novela (ahora dicen que hay otras dos inéditas). A escribir se engancha en su única experiencia académica, un taller de escritura creativa de la universidad de California, aunque su hermana dice que de adolescente ya devoraba las obras de John Steinbeck. Vende Leaving Las Vegas a una pequeña editorial de Kansas. Vuelve a beber, decide beber para siempre: se separa de su mujer, a quien había dedicado su libro: "A Lisa, testigo presencial"; vende la moto, regala su biblioteca y a los 33 años, en abril de 1994, se dispara una bala en la sien. No deja ninguna carta para nadie, su novela es suficiente.
        Decir que se esforzó en autodestruirse sería no entender nada: John O'Brien— como su alter ego en la ficción, Ben— trata de alcanzar la plenitud, la luminosa experiencia de ser sólo uno mismo y, por tanto, mantiene una relación con el alcohol casi mística, como si ésta fuera la única vía para atrapar la pureza de la libertad. Su vida fue una borrachera larga y lúcida, en la que el orgullo propio de los rebeldes sustituyó cualquier atisbo de culpa; por eso, la bala que le mató fue, solamente, una última copa.
       
       *Si quieres leer la reseña que publiqué en El País sobre la novela "Adiós a Las Vegas" cuando apareció en España, pincha aquí.
       
       COMENTARIO de Carlos M. Gordiano (0/11/2011):
       "Hurgando en el ciberespacio a propósito de un nuevo encuentro con la película Leaving Las Vegas, me encontré con tus artículos acerca del autor del libro y sobre la película. Soy un disfrutador del cine que jamás ha intentado una aproximación al ejercicio de la crítica. Las película, la música y los libros los disfruto por los destellos de luz y oscuridad que muestran en relación con el drama inevitable de la vida. Y en esto descubro una experiencia cercana al embeleso.
       
       Juan Marín. Luego de más de una década ayer volví a la película en mención. Suele suceder que películas que disfruté en mis años salvajes ya nos las encuentro tan intensas, pero no es el caso de Adiós a las Vegas. Por el contrario, la redescubrí fascinante en casi todos sus aspectos. Acaso la novedosa experiencia que me produjo consiste en la apreciación de la historia desde ángulo de la protagonista. En el pasado, encontré que el filme gravitó en torno a la historia del solitario dipsómano suicida. Ahora pude ver en el papel de Sera el nódulo trágico de esta flagelante historia. Por supuesto que la actuación fue lograda con creces por la actriz Elisabeth Shue. Pero me refiero a que descubrí que la tragedia más terrible de la historia se finca en el acontecer de Sera, no tanto en la convicción kamikaze de Ben. Es Sera con su dolor contenido borboteando en su sobria mirada, quien posee las señales definitivas de la consternación que fluye a lo largo de la película. Al final, este "ángel" es quien permanecerá sola y desgraciada en la vida. El borracho sólo estuvo de paso para cumplir un objetivo supremo de su propia realización. Pero esta mujer sola, queda con su ruina como realidad inevitable.
       Juan. Leaving Las Vegas abrió una nueva ventana con el transcurrir del tiempo. Por ahora, en esta nueva apreciación, terminé convencido que es Sera la antiheroína de esta magnífica película.
       Recibe un saludo desde la ciudad de México acompañado de felicitaciones por tus artículos."
       
       COMENTARIO de José Durán (09/02/2011):
       
       Siento decir que no he leído la novela, aunque vi la película. Por cierto, la reseña que hace usted sobre el libro me parece exquisita, muy respetuosa y seguramente, que acertada, por lo menos ha despertado en mí, las ganas de leer la novela. Mi comentario es acerca del final del escritor, simplemente quería añadir un comentario sobre lo que para mí, significa un final así. Yo no creo que el escritor se esforzase en autodestruirse, en eso estoy de acuerdo con usted, aunque tampoco creo que él lo tomara como un acto de libertad o rebeldía. Detrás de un suicidio siempre hay un pasado de carencias muy grande, sobretodo de atención y cariño, y ya no de los últimos años, sino de mucho antes, desde la infancia. No creo que nadie se suicide premeditadamente, o por lo menos casi nadie. Probablemente el señor O’brien, sabía que se estaba precipitando a su final, aunque dudo que el día que se disparó tuviera intención de hacerlo. Por lo que he aprendido de psicología, y por lo que cuentan las personas que lo han intentado y no lo han conseguido, el acto de suicidio se produce de forma inesperada y sin premeditación, es un momento en que la mente hace un "click" y la persona se deja llevar por el impulso suicida, después, eso sí, de un largo periodo de sufrimiento.
       
       Para terminar, creo que John O’Brien, fue simplemente un prisionero de su programa, el programa que todas las personas llevamos en nuestra mente y del que nuestros padres son sus creadores. Ese programa se cierra con 18 años y a partir de ahí, la única solución para cambiar un programa enfermo es una terapia psicoanálitica. El programa no interfiere en el talento o dotes de cada persona, pero sí influye en la manera que esa persona usa sus posibilidades. Probablemente John O’Brien era un escritor magnífico, por eso escribió "Leaving Las Vegas", pero su programa estaba marcado por carencias de la infancia y sobretodo falta de confianza, por eso, ni cuando el productor le compró los derechos de su novela, se lo creyó; nunca se creyó que pudiera tener éxito, ni tener dinero. Beber, drogarse, gastar dinero en juegos de azar, etc, son siempre síntomas de estar mal, son formas de calmar la ansiedad que produce el estar mal. Eso tiene cura, aunque evidentemente no todo el mundo lo sabe, John O’Brien tampoco.

jmheraldo@hotmail.comEl País | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"