07/09/1996

La nueva narrativa británica

A juzgar por lo escuchado y leído en el vigesimosegundo encuentro de escritores británicos celebrado en Cambridge, la gran mayoría de los narradores ingleses se aleja de su país y de su tiempo; muy pocos, quizá los más jóvenes—por cierto, ausentes en este encuentro—escriben sobre el aquí y el ahora. Louis de Bernières, uno de los escritores juzgados por la revista Granta como más prometedores, se confiesa incapaz de escribir sobre Gran Bretaña. Sus tres primeras novelas se sitúan en Suramérica mientras que la cuarta, La mandolina del capitán Corelli, tiene lugar en la isla griega de Cefalonia durante la segunda guerra mundial. En Cambridge, Bernières leyó una historia corta que, por fín, ha conseguido situar en la Inglaterra de nuestros días: un marido aprovecha los viajes a la lavandería para acudir a un café regentado por turcos, donde intenta olvidar a su aburrida y dominante esposa inglesa. Involuntariamente, el argumento de su relato se convierte en una metáfora de los vientos que sacuden las novelas de sus contemporáneos.
        Quizá el autor menos convencional del grupo de Granta sea Tibor Fisher (1959); su primera novela, Under the frog, publicada hace 5 años, transcurre en Hungría. La próxima, que aparecerá en primavera, El coleccionista de coleccionistas, busca la indefinición de espacio y tiempo y está llena de personajes excéntricos en la línea más tradicional de la sátira inglesa. Incluso el gran éxito de crítica y de ventas de este año, la novela de Pat Barker La carretera fantasma, gira en torno al teniente Billy Prior cuyo sentido de la vida quedará alterado en los campos de batalla de Francia en la primera guerra mundial.
       
       Ingeniería literaria
        El autor postmoderno tiene permiso para todo: mezclar ficción e historia, manuscritos reales y documentos falsos, pastiche y parodia, y combinar toda clase de géneros como la novela gótica, la comedia y el discurso filosófico. Algo asi fue lo que hizo la reina de la novela postmoderna, Antonia Byatt, en Posesión. Ahora vuelve con La torre de Babel, 700 páginas en las que se encierra, autónoma, otra novela y se hace referencia a acontecimientos reales de los 60. El lenguaje no es menos diverso: Byatt admite la influencia de Blake y de Tolkien y, además, utiliza la jerga legal pues en la historia se sigue un largo proceso por obscenidad. El talento narrativo de esta autora, siendo considerable, no es suficiente para ocultar que sus obras están escritas más con la mente que con el corazón y es que el escritor ya no tiene porque ser un mediador discreto entre el lector, la historia y los personajes.
        En esta línea se mueve otro novelista más joven, Lawrence Norfolk, conocido por una primera novela de gran éxito, El diccionario de Lemprière. Norfolk defiende el uso indisimulado de los recursos y materiales que la literatura anterior ha ido dejando como la gran ventaja del escritor actual, lo que le hace afirmar que "Dickens habría escrito ahora sus mejores novelas".Su más reciente título (600 páginas en proceso de traducción en Anagrama), El rinoceronte del papa trata de la búsqueda de un rinoceronte para el papa León X, a fin de ganar sus favores para el reino de Portugal. Desde los bosques de Africa occidental hasta Roma, el rinoceronte se convierte en el espejo de las fantasías y obsesiones del renacimiento. Norlfolk es sincero hasta el descaro: "No puedo pagar mi hipoteca si sólo escribo de Gran Bretaña para los británicos".
       
       Una excepción
        Glenn Patterson tiene 35 años y es un escritor valiente, uno de esos raros casos de autor que no huye ni de su tiempo ni de su país, aunque hacerlo le suponga poner en peligro su propia seguridad. Nacido y educado en Belfast, después de sus estudios en Inglaterra, ha vuelto allí. Tras una primera novela de aprendizaje, Quemándote, que fue doblemente premiada, publica Fat Lad (Chico gordo), una historia de amor de tintes trágicos que contiene páginas muy duras sobre la barbarie del terrorismo mesiánico. Su tercera novela, Noche negra en la gran montaña del trueno, que él califica como un western, transcurre en Eurodisney pero gira en torno a un amplio grupo de trabajadores norirlandeses, empleados en la construcción del parque. Poético y realista, Patterson busca dejar sin aliento al lector por medio de historias muy intensas, conectadas con la peligrosa realidad de su tierra. Su último trabajo, por si hubiera alguna duda sobre el coraje de este escritor, ha sido un programa para televisión sobre las palizas que propina el IRA.
       
       Jóvenes, airados y de color
       Los escritores nacidos a finales de la década de los cuarenta y en la década siguiente se han convertido en una de las generaciones más vigorosas y prolíficas de la novela inglesa. Martin Amis, Julian Barnes, Timothy Mo, Allan Hollinghurst, y Kazuo Ishiguro entre otros han demostrado su valía con una obra alta en calidad, regular en frecuencia y sobradamente comercial; pero estas cualidades se han convertido en una losa que impide salir a las nuevas generaciones de narradores.
        Quizá haya sido el éxito de la película Trainspotting lo que ha alertado a las grandes editoriales sobre la nueva ola de escritores británicos. Irvine Welsh, el autor de la novela en la que se basa esa película, ha visto reeditadas sus dos obras anteriores y ahora mismo cuenta con un éxito de ventas de elocuente título: Extasis Tres aventuras químicas..
        La palidez de este escritor de Edimburgo contrasta con el oscuro azulado de Diran Adebayo. Este escritor de origen nigeriano ha podido publicar a sus 26 años aprovechando el clásico resquicio de los premios literarios. Su novela, Cierta clase de negro recibió el Saga Prize y trata de las desventuras de Dele, un estudiante que huye de la blanca universidad de Oxford siempre que puede para volver a los barrios de piel oscura de Londres donde se siente a gusto con su amigo Cemento, antiguo campeón de cabezazos en la escuela. La crítica ha resaltado la viveza y el encanto de sus personajes que se mueven en un Londres nuevo, africano y caribeño, que todavía no tenía presencia literaria.
       
       Cambridge, cita de escritores
       Más de sesenta años de vida tiene ya el Instituto Británico, una organización gubernamental que se fundó para promover lazos culturales con otros países. De acuerdo con este principio, el instituto ha organizado desde hace ventidos años un encuentro anual entre escritores británicos y profesionales extranjeros relacionados con la literatura. El lugar elegido para la convivencia es el colegio Downing de la universidad de Cambridge. En ese paisaje de sosiego, se han reunido este año 52 invitados de 28 países con críticos como George Steiner; con novelistas consagrados—Antonia Byatt, David Lodge o P.D. James— y con narradores y poetas de la penúltima generación como Lawrence Norfolk o Simon Armitage.
        Diez días de lecturas y debates quizá ensombrecidos por lo que suele ser el error más habitual de las instituciones oficiales: la falta de riesgo. Hay en estos organismos cierta tendencia a preservar un modelo de cultura que, aunque muy representativo, se queda detrás del reflejado por la sociedad de ahora mismo. Curiosamente, en un país que desde los años sesenta ha impuesto las tendencias culturales más juveniles y que es decididamente multiracial, los escritores de este seminario sobre escritura contemporánea en Gran Bretaña eran de mediana edad y todos blancos. Que el lobby cultural en Europa esté integrado por los universitarios del mayo del 68 puede que explique la ausencia de la literatura post-punk de Irvine Welsh pero no explica la de nombres como Timothy Mo, Kureishi o Ishiguro, quienes desde una sensibilidad angloasiática están dando a la narrativa británica las novelas más intensas y originales.
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 10 y 11. 07/09/1996

Este reportaje, que ocupó dos páginas completas de El país, lo escribí a raíz de mi estancia en Cambridge, asistiendo al Seminario que el British Institute organiza todos los años para promocionar a sus escritores.

Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"