12/10/1996

Dennis Cooper. Tentativa

Dennis Cooper. Tentativa. Traducción de Mauricio Bach. Anagrama. Barcelona, 1996. 217 páginas.
       
       EL SEXO Y LA ANGUSTIA
       
        Quizá el autor gay peor entendido dentro de su propia comunidad sea Dennis Cooper, que ha llegado a recibir amenazas de muerte por parte de los grupos gay políticamente correctos; y es que a este californiano de 43 años, que se confiesa seguidor del Marqués de Sade y de Rimbaud, no se le ocurre otra cosa que contar en Tentativa la historia de un adolescente adoptado por una pareja de homosexuales que sufre—y acepta con cierta complacencia—toda clase de abusos de uno de sus padres mientras que con el otro mantiene una relación amorosa sin violencia. Temáticamente, esta breve novela ha tenido que levantar ampollas en el seno de una comunidad que en la actualidad tiende hacia el ideal de la familia de clase media y que, para alcanzarlo, lucha por su derecho al matrimonio y a la adopción. Con muy poco esfuerzo, no obstante, es posible atravesar la epidermis anecdótica del argumento para darnos cuenta de que la ficción de Cooper no se merece este revuelo: su obra— compuesta por Contacto, Cacheo y ahora, Tentativa, además de un libro de relatos no traducido, Wrong— constituye una exploración del deseo como supremo conductor de nuestras vidas y como administrador de la felicidad y de la desdicha que pudiera correspondernos.
        El universo de Cooper es limitado y repetitivo pero coherente, apoyado siempre en la misma clase de personajes atormentados por una obsesión: el miedo a la edad adulta que aprisiona la experiencia vital en los límites de la piel, en el reino infantil del sentido del tacto. ¿Por qué estas novelas, que recrean literariamente, y desde un ángulo muy visual, todo el catálogo de perversiones, incluida la necrofilia, no podrían jamás publicarse en una colección de textos eróticos? Porque están dominadas por la angustia. Los jóvenes que pululan por estas camas confían en el sexo como una vía eficaz de comunicación y de afecto pero continuamente tropiezan con el hastío y el aislamiento. Carecen de recursos para ir más allá de su propio cuerpo; no trabajan, no estudian, no hacen nada: sólo follan, se drogan y duermen. Esta superficialidad tiene una fisura, la que abre la consciencia de su angustia y que les hace conmovedores aunque no lo suficiente como para convertirlos en seres reales; la verdad es que parecen tan falsos como las sombras desdibujadas de un sueño húmedo; barbilampiños, con la melena sucia, y la mirada ausente encarnan las fantasías de su autor, que intenta, y no puede, darles voces distintas. Hasta el estilo, un tanto brusco y poco cuidado, contribuye a dar esa sensación de duermevela, pesadilla y resaca que difumina cualquier característica diferencial de los personajes. Pero surge la sospecha de que la irrealidad de éstos es sólo literaria pues, por otra parte, ilustran a la perfección las que el filósofo Pascal Bruckner (La tentación de la inocencia) ha llamado las dos enfermedades del hombre contemporáneo: las escapatorias del infantilismo y la victimización. Quizá los muchachos gays que aquí aparecen, tan voluntariamente irresponsables, tan añorantes del paraíso pueril de las sensaciones, sólo sean una metáfora de la desesperación del hombre de fin de siglo, adulto tan a pesar suyo. Pero incluso reconociendo este mérito, con Tentativa se agota el discurso moral y narrativo de Dennis Cooper, quien no debería reincidir en él en una próxima novela, a no ser que quisiera escribir únicamente para sus adictos, sin duda numerosos.
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 11. 12/10/1996

Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"