28/10/1996

Timothy Mo. Agridulce

Timothy Mo Agridulce. Traducción de Maribel De Juan. Ed. Anagrama. Barcelona, 1995. 385 páginas. 2.950 pesetas.
       
       SOBRE MUJERES Y BANDIDOS
       
        Este tiempo de migraciones, de sociedades multirraciales, ha propiciado para la narrativa un campo temático tan fecundo que un nuevo género está surgiendo: la novela de mestizaje o de cruce de culturas, de la que el número de ejemplos traducidos a nuestra lengua es ya considerable. Todo comenzó cuando los lectores descubrieron El club de la buena estrella, de Amy Tan, una novela sensible sobre dos generaciones de chinos (de chinas, estaría mejor dicho) instaladas en California, que se publicó en 1989. Nadie sabía entonces que siete años antes, Timothy Mo había escrito Agridulce, que es algo así como "el club de la mala uva", donde frente a un tono poético que enfatice un mundo de emociones, el autor prefiere una visión sardónica, nada complaciente aunque comprensiva y siempre divertida del proceso de adaptación al medio de unos chinos en Londres.
        Todas las novelas de mestizaje desarrollan lo que Timothy Mo enuncia en el primer párrafo de la suya: "Los Chen llevaban cuatro años viviendo en el Reino Unido, tiempo suficiente para haber perdido su lugar en la sociedad de la que habían emigrado pero insuficiente para sentirse cómodos en la nueva". Esta prisa para encuadrar el relato indica también—como ha de comprobarse a las pocas páginas— una intención muy clara de desembarazarse de las imposiciones del género y de lo que el autor se ocupa es de las relaciones de poder, de autoridad y sometimiento, en el seno de la familia.
        Por un lado están un humilde camarero, su mujer, su hijo pequeño y una cuñada: entre ellos, la ambición, las estrecheces, la ruindad y el cariño se cultivan en un ámbito doméstico; un espacio dominado por la figura de la esposa—el muy logrado personaje de Lily— y por la hermana de ésta, mientras que el marido es tan sólo una sombra trabajadora, porque lo que ha de deducirse es que su destartalada casa da cobijo al yin—la fuerza femenina en la cosmogonía china. El proceso de adaptación al territorio británico es lento y difícil pero inevitable: empiezan cocinando chop-suey y terminan abriendo una tienda de pescado rebozado y patatas fritas, con eso está dicho todo. Mo dibuja ese proceso con una sutileza y una ironía de magistral factura, de mayor mérito siendo que no enfrenta a chinos e ingleses (éstos apenas tienen presencia) sino que se centra en las batallas que se libran en las mentes de las dos mujeres. Esta es la mejor baza de Mo: la habilidad para arrancar comicidad de la introspeccióon antes que de las situaciones.
        Pero hay otra familia, dominada por el yang—la fuerza masculina—, cuya penetración en el nuevo país discurre por vías menos pacíficas: se trata de la sociedad Wo, una mafia dedicada al juego ilegal y al tráfico de heroína, cuyos miembros están inmersos en luchas internas y externas. De este modo, el autor desliza la narración por otro género, el de la novela negra, en el que demuestra su oficio, muy especialmente en los episodios de violencia. Así pues, los gángsteres y las tranquilas mujeres chinas hacen discurrir su yang y su yin por cauces paralelos hasta que al final de la novela ambas "familias", con sus maneras masculina y femenina de hacerse con el poder, encuentran su equilibrio, la armonía de su universo de emigrados.
        Timothy Mo es uno de los autores ingleses mejor recibidos por los lectores en la actualidad; sus novelas—Una posesión insular y La redundancia del valor, además de otras dos no traducidas—demuestran una solidez narrativa poco común, que procede sin duda de su capacidad de observación y, sobre todo, de un trabajo de documentación de agradecidas consecuencias: el funcionamiento de las sociedades mafiosas, las artes marciales y la gastronomía china cuentan en Agridulce con capítulos que constituyen auténticos tratados; y a eso hay que añadir sentido del humor y destreza para equilibrar los componentes narrativos. Maribel de Juan realiza aquí una de sus habituales traducciones, gracias a la cual Timothy Mo casi suena mejor en castellano que en inglés.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia. 28/10/1996

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