01/03/1997

Anne Tyler. ¿Qué fue de Delia Grinstead?

Anne Tyler. ¿Qué fue de Delia Grinstead? Traducción de Carlos Milla Soler. Plaza & Janés. Barcelona, 1997. 431 páginas. 2.800 pesetas.
       
       NI PRINCESA NI COCINERA
       
        Con trece novelas, Anne Tyler (Minnesota, 1941) ha construido una obra sólida, muy apreciada por la crítica y, a la vez, muy popular entre los lectores de habla inglesa, especialmente a partir de la adaptación para el cine de El turista accidental. Podríamos buscar la razón de su éxito en ese estilo de sintáxis tan ordenada, que fluye perfecto en su claridad y en su servicio a la historia narrada; pero no es ahí donde está la causa de tanto adepto sino en su maestría para conducir la trama y los personajes más convencionales a la complejidad más atractiva. La familia de clase media, perfecta a la vista pero que pronto se revelará disfuncional, proporciona el entorno temático de todas las novelas de Tyler. La inteligente y minuciosa indagación en las relaciones entre maridos, esposas, padres o hermanos, constituye, de por sí, motivo suficiente para situarla como gran escritora pero es en la construcción del personaje que ella elige como central, donde se luce y te deslumbra.
        ¿Qué fue de Delia Grinstead? es la crónica de la lenta e inexorable transformación de una mujer muy común, una ama de casa de mucha cocina y mucho detergente, en un ser independiente, dueño de sus propios sentimientos y responsable de su escala de valores. La heroína se nos presenta en unos capítulos iniciales propios de una brillante comedia cinematográfica: Delia, casada con un médico quince años mayor que ella, empieza a sentir la insatisfacción de ser esposa y madre abnegada a cambio del más nulo de los reconocimientos, cuando un día, en un supermercado, un desconocido joven y guapo le pide que finja ser su pareja para dar en las narices a su exmujer, que está en el mismo supermercado con su nuevo novio. La historia sale disparada a lo que parece ser un cuento de hadas, en el que un príncipe de suburbio va a convertir en princesa a una rana feúcha y aburrida; pero Tyler empieza a llevar la convención por carreteras inesperadas y después de varios capítulos memorables, en lugar de prícipe tenemos a un fontanero que accede a dar una vuelta con Delia en su furgoneta. Cuando Delia decide apearse, se encuentra en un pequeño pueblo, demasiado lejos de su casa para volver; lleva lo puesto, no tiene dinero y le estorba la memoria.
        A partir de este brillantísimo planteamiento de más de 100 páginas, somos testigos excepcionales de la deconstrucción de Delia Grinstead, del desmontaje primoroso de su estructura sentimental; presenciamos cada acto de afirmación, cada gesto con el que se despoja de un recuerdo o de una dependencia afectiva, cada paso que da para ser ella, nueva, en una habitación casi vacía, lejos de la madre, esposa y mujercita ejemplar que fue.
        Una contundente soledad marca el punto de partida de un viaje en el tiempo—el título de la novela original es Ladder of years (Escalera de años)— en el que aparecerán la tentación del amor, los instintos maternales, la capacidad de organizar la vida doméstica, es decir, todas las oportunidades para volver a cometer otra vez los mismos errores pero que, en esta nueva existencia, funcionan con el fin de que Delia alcance la libertad en su sentido más postfeminista, aquel que le permite elegir sin prejuicios su propia función en la vida.
       Ésta es sin duda la mejor novela de Tyler hasta la fecha—y ya es decir, en una obra con títulos como Casi un santo o Buscando a Caleb— en la que la autora vuelve a conceder al lector el privilegio de ir conociendo a sus personajes—levemente excéntricos pero siempre verosímiles—al mismo tiempo que ellos van conociéndose a sí mismos. Entre ser una esposa desgraciada o la heroína de una novela rosa, Delia Grinstead elige ser ella misma y esta aventura de arriesgada metamorfosis—escrita con gracia, profundidad y prosa impecable (y así llega en la traducción de Carlos Milla)— ha de ser leída pronto (por lo menos, antes de que nos llegue la versión cinematográfica) y no sólo por mujeres de más de 35 años, que podrían parecer el lector ideal.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 10. 01/03/1997

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"