12/03/1997

Edmund White. Desollado vivo

Edmund White. Desollado vivo. Traducción de Albert Freixa. Destino. Barcelona, 1996. 377 páginas.
       
       Sombras en el arco iris
       
        Aunque la obra de Edmund White (Cincinnati, 1940) es ya extensa, aquí se le conoce únicamente por La historia particular de un muchacho y La hermosa habitación está vacía, las dos primeras partes de un ciclo autobiográfico que se han convertido en textos esenciales para la configuración literaria del movimiento gay o, mejor dicho, de la historia política, social e íntima del hombre homosexual a partir de 1969, año que es punto de partida en la lucha por el orgullo personal y por los derechos civiles de la comunidad del arco iris.
        En Estados Unidos y en la Europa de las democracias, la década de los 70 fue una época de liberación y esplendor, vivida en un floreciente gueto donde el ligue fácil acabó con el activismo militante, sustituido básicamente por largas sesiones en el gimnasio y la discoteca. En esos diez años de fiesta, muchos hombres empezaron a vivir su diferencia sin restricciones para toparse, al volver la esquina de los 80, con la muerte misma, disfrazada de plaga divina. En el mundo de las letras, Edmund White ha sido el testigo más lúcido de toda esa tragedia. Ahora, a su indispensable crónica autobiográfica, añade el complemento de estos nueve relatos modélicos, espléndidos, que contiene Desollado vivo: pura literatura sobre el amor y la vida desde el punto de vista de unos narradores seropositivos. Pero White no ha escrito historias sobre el sida; el síndrome está ahí, acechando entre líneas, nombrado fugazmente, o a veces, aparece de repente con el único fin de cambiar la perspectiva de un relato. No sorprende esto para quien conoce el elegante estilo de este escritor: una prosa limpia, despojada de cualquier efectismo, que practica la ironía justa para reírse amablemente de lo que más le importa; huye del lirismo cuando huele su exceso y evita toda autocompasión. Inicia el volumen la excursión al campo de tres compañeros de instituto consumidos por el deseo, que a duras penas consiguen controlar. Esta historia de inhibición obligada introduce una línea en la que quedan prendidas las que siguen, de manera que, aunque independientes, los relatos trazan una sola historia, la del hombre que ha vivido su homosexualidad en las fases de reconocimiento, dolor, liberación, gozo y muerte. "Piensa en todos los años que han pasado, treinta para ser exactos. Ahora vivimos en continentes separados y apenas nos vemos. Los dos somos seropositivos, y nuestras perspectivas futuras no son lo que se dice demasiado brillantes", le escribe un hombre a su viejo amante casi al final del libro: la enfermedad ha hecho que los distintos héroes reflexionen sobre sus propias vidas y sobre las actitudes que la sociedad les obligó en todo momento a seguir: amores que pudieron ser y no fueron, por miedo a ser llamados por su nombre, o por la casi imposible fidelidad en la fiesta orgiástica del gueto, consecuencia lógica a su vez del largo período de inhibición impuesta.
        La capacidad de sugerencia y el tacto de Edmund White al contar estas historias tienen un tono muy europeo. Generalmente, sus personajes se mueven entre Europa y Estados Unidos y uno de ellos incluso reconoce que aprendió a ser americano en París. Sólo esto puede explicar que un autor americano mencione otros libros en una obra de ficción porque, por lo general, los americanos tienen miedo a parecer cultos, pero en Desollado vivo uno se encuentra con referencias a Derrida, Lacan o T.S.Eliot, entre otros. Está claro que estos gays que leen son en gran medida un trasunto del propio autor, profesor universitario, que ha vivido en Francia muchos años y que ha escrito la que se dice que es la mejor biografía de Jean Genet. Pero la afición de White por el ensayo no le ha impedido crear este conjunto de invenciones, en las que, ayudado por la indudable elegancia de su perspectiva, mete la historia de su generación y de su comunidad en la corriente de la mejor literatura americana. Albert Freixa, una vez más, ha vertido a Edmund White en el español que éste se merece.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 12. 01/03/1997 Los redactores de El País prefirieron poner este título, Vivir la Diferencia, al mío, que figura arriba.

Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"