28/06/1997

Ben Elton. Popcorn

Ben Elton. Popcorn. Traducción de Maria Eugenia Ciocchini. Emecé Editores. Barcelona, 1997. 254 páginas. 1.800 pesetas.
       
       Entre el Infierno y la Televisión
       
       Desde el estreno de La naranaja mecánica, de Stanley Kubrick, no ha dejado de intensificarse el debate sobre el poder del cine para influir en las conductas violentas. Al instalarse en una estética nada objetiva de la amoralidad, películas como Asesinos natos o cualquiera de las de Tarantino o de sus seguidores convierten la violencia gratuita en espectáculo, a los asesinos en inocentes irresponsables y a las víctimas en simple carne de la mala suerte: ¿refleja este cine lo que ocurre en las calles o influye para que ocurra?
        Ben Elton (Londres, 1959), actor y presentador muy popular en Gran Bretaña, aborda este dilema tan de ahora mismo en Popcorn, cuarta novela de las que ha escrito, y lo hace por medio de una brillnte sátira, técnicamente compleja pero resuelta con facilidad, desparpajo y mucha mala uva. Estamos ante la obra de un auténtico cómico, con toda la distancia de análisis y la capacidad de agitación moral que a un cómico hay que exigirle.
        Es la noche de la entrega de los Oscar y Bruce Delamitri —un joven y polémico director— acaba de recibir uno por su sangrienta película Americanos corrientes. Cuando vuelve a su casa del brazo de una bella modelo de Playboy, se encuentra con la desagradable sorpresa de unos visitantes muy conocidos en los programas de noticias: dos adolescentes tardíos que se han dedicado a sembrar de cadáveres tres estados por la simple razón de que matar les coloca. Esta pareja de asesinos múltiples son—mira tú qué casualidad—entregados admiradores de las paródicas y sagaces películas del director. Delamitri ve convertida su lujosa mansión en el plató de un reality show, en el que él ya no va a dirigir nada.
        Aunque con guiños al cine de serie B y episodios con forma de guión cinematográfico, y referencias nada ambiguas a los informativos basura, Benton, por encima de todo, se inspira en las comedias policiales de habitación cerrada. Si al principio, un entrelazado de acciones en tiempos y espacios distintos promete un thriller dinámico, pronto la acción se recluye en un espacio con tresillo y mueble bar, como en el más tradicional de los vodeviles (lo que ha hecho que la novela se adaptara rápidamente para el teatro). Porque ciertamente, Popcorn está lleno de artificios conocidos pero que el autor maneja con la suficiente destreza para no sólo transmitir limpiamente su mensaje sino para implicar en él al lector: en una sociedad de "quejicas y llorones que tienen una excusa para todo y que son incapaces de asumir responsabilidades", alguien tendrá que redefinir el concepto de culpabilidad. Con humor y sin bajar jamás el renglón de la tensión, Benton lanza sus dardos contra los medios audiovisuales y sus espectadores muy especialmente: "Tengo la impresión", dice la joven asesina, "de que la mitad del país vivimos en el infierno y la otra mitad se divierte mirándonos". No mejor parada queda la administración de la justicia que ha desarrollado términos como "culpable pero inocente" en casos como el de O.J.Simpson, y que es reflejo de una sociedad que elude cualquier compromiso en cuanto al bien o el mal.
        Popcorn no es un texto que se encoja de hombros: te agarra, te hace reir y te obliga a reflexionar. La mirada burlona de Ben Elton se fija en unos modos muy americanos de entender la sociedad y el espectáculo pero a los que Europa ya se ha permeabilizado: no hay manera, pues, de evitar que la carcajada del cómico nos hiera también.
       
        Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 10. 28/06/1997

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"