12/07/1997

Patricia Melo. Killer

Patricia Melo. Killer. Traducción de Basilio Losada. Ediciones B. Barcelona, 1997. 221 páginas. 1.900 pesetas.
       
       Patricia Melo y el Oficio de matar
       
       Maiquel mata personas—delincuentes de poca monta, violadores, niños rateros— y los comerciantes le pagan, la policía le respeta y las amas de casa lo miman. En una ciudad como Sao Paulo hay más de cien casos de homicidio por cada cien mil habitantes; la gente ya no confía en los uniformes del estado: lo mejor es una empresa de servicios de seguridad, una empresa privada con despachos de lujo y secretarias y matones y policías comprados. Killer narra el éxito laboral en una estas empresas de Maiquel, un muchacho con talento natural para matar.
        Patricia Melo—brasileña, 32 años—ha elegido para su primera novela una voz masculina, la de un héroe de un barrio marginal que narra en primera persona su vida desde aquel día en que mató a un hombre por machismo, por aburrimiento, por nada. Es un relato veloz por un destino elegido a medias; la crónica de un tránsito hacia la ascensión y la caída, que la autora ha teñido del color de la tragedia clásica. El héroe pasea por la felicidad y la desgracia con esa mezcla de incertidumbre y determinación, de desamparo y chulería, que literariamente siempre ha sido castigada por los dioses. Ese tono shakespeariano es un acierto de Melo pero hay otros también muy claros: por un lado, la medida y precisa graduación de la historia y su longitud narrativa, tan ajustada; por otro, los bien definidos personajes dependientes del héroe, entre los que destca Érica, una especie de Lady Macbeth de favela: fuerte, pasional y egoísta pero incapaz de anular aquellos espacios, aquellos valores, donde se cultiva la culpa. Paradójicamente, es el héroe mismo el que está peor construido porque su monólogo interior no es tal sino más bien una confesión al lector, llena de reflexiones más propias de la autora que del personaje. No obstante, hay que decir que el resto de elementos positivos hace olvidar los fallos en la construcción de la voz narradora. Melo sabe describir un ambiente social degradado, esa atmósfera natural de la violencia; y ésto tiene más mérito cuando no sucumbe a un tratamiento pornográfico de los episodios de sangre, tal como parece que manda la moda. Es muy de agradecer que la violencia inevitable en un relato de esta clase sea más impactante desde un punto de vista moral que visual, ya que la escritora prefiere captarla con un enfoque metafórico o elíptico en la mayoría de las ocasiones, lo que no quita intensidad a una trama que discurre con equlibrio entre la acción interior—ese viaje por el alma aturdida de Maiquel—y la exterior por las cañerías del submundo gangsteril. Todo ello hace pensar que Melo puede darnos muy buenas historias de acción, en la tradición más clásica de la novela negra: su conciencia social, su buen ojo para los personajes secundarios y su sentido del ritmo narrativo dejan poco sitio a la duda.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 9. 12/07/1997

jmheraldo@hotmail.comEl País | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Escritores del mundo"