23/08/1997

Sherman Alexie. Indian killer

Sherman Alexie. Indian killer. Traducción de Jordi Arbonés. Muchnik editores. Barcelona, 1997. 448 páginas. 3.500 pesetas.
       
       EL SABOR DE LA REVANCHA
       
       Seleccionado entre los veinte mejores escritores jóvenes de Estados Unidos por la revista inglesa Granta el verano pasado, Sherman Alexie entrega con su tercera obra—todavía no publicada cuando esta selección se hizo—la prueba de que estamos ante una de las voces más originales y más atractivas de la narrativa americana. Este escritor de origen Spokane-Coeur d'Alene se dio a conocer con La pelea celestial del llanero solitario y Toro, un conjunto de relatos basados en la aventura interior de un muchacho que luchaba por hacerse adulto en los límites entre la tradición de la reserva y la modernidad anglosajona, entre el victimismo y el orgullo de un pueblo derrotado. Especialmente, aquellas historias indicaban gran pericia para convertir los materiales más poéticos en puro realismo. Su segundo libro, Blues de la reserva, constituyeron cierta decepción debido a la endeblez de la trama, aunque el estilo de Alexie seguía poderoso y brillante. Pero una novela no se hace sólo con buen estilo. Ahora, todas las dudas se han disipado con Indian killer, una excelente y perturbadora novela que sigue las convenciones del género criminal pero que va mucho más allá de lo que podría considerarse un thriller étnico.
        En principio, hay una biografía: nada más nacer de una madre adolescente, un niño indio es arrebatado y entregado en adopción a un matrimonio blanco. En medio de un fuerte extrañamiento, ese niño cultiva una nostalgia de sus orígenes que le hace rechazar a medida que crece el mundo que representan su buenos y rubios padres. El paisaje de su nostalgia es el de un ámbito entre la leyenda y la historia, cargado de ensoñación mítica, anterior a la llegada del exterminador blanco. Ya adulto, empieza a alimentar el deseo de "ver miedo en unos ojos azules" para acabar convencido de que su misión es matar a aquel que personifique la culpa de un crimen colectivo, a aquel "responsable de que todo haya salido mal". Así pues, por las calles de Seattle se pasea un asesino que arranca el cuero cabelludo de sus víctimas y por encima de los rascacielos las señales de humo anuncian el gozo de los nativos americanos que ven en él la llegada de un mesías vengador.
        La novela de Alexie escarba en heridas no curadas y lo hace con lucidez y rabia: por un lado está el blanco conservador que piensa que no se mataron suficientes indigenas; por otro, los americanos que ven en esas tribus indias la única tradición posible, aquella de la que emana la inocencia. Y en medio, los propios indios, nada dispuestos a compartir su misterio, en tanto que compartir significa someterse. La novela transmite la idea de que la fantasía de la revancha es un elemento poderoso en la cultura del moderno indio norteamericano. Un personaje lo explica así: si Jerónimo o Toro Sentado volvieran, verían a los indios sin hogar, a sus bebés con síndrome de alcoholismo; verían las miserables reservas y cuando escucharan "una de esas canciones de mierda de Disney, sentirían deseos de hacer daño a alguien". Alexie podría haber escrito una novela de mestizaje pero no lo ha hecho; las razas que circulan por su territorio coexisten sin mezclarse: se ignoran, se temen o se odian. En realidad, su obra es un viaje al corazón de la diferencia, al meollo del extrañamiento, allí donde se cuece un rencor informe, tan fuerte como el deseo de unir identidad y orgullo.
        Estamos ante un texto cuya lectura política se hace inevitable pero también ante un relato de tensión e intriga muy bien construido. Técnicamenete, mucho ha aprendido Alexie desde su segunda obra: un narrador que todo lo sabe y todo lo ve va desvelando al lector partes de la trama desde la perspectiva de cuatro personajes principales, el asesino múltiple, una india radical, un locutor de radio y, todo un hallazgo, un ex-policía que escribe novelas de tema indio porque está convenciado de que él lo es, a pesar de su piel lechosa y de su pelo rubio. A ellos se añaden una docena de peronajes que se cruzan en una danza inquietante y que conforman el escenario moral de una epopeya metafórica, que tiene tanto interés como entretenimiento policial que como documento del conflicto -personal y colectivo- de muchos norteamericanos que intentan asentar las raíces de una tradición en un exterminio. Alexie continua con su estilo de enfoque realista y resonancias poéticas aunque aquí ha preferido acentuar los contrastes con capítulos muy duros, tan contundentes como los de una novela de Chandler, y otros que recuperan la musicalidad y el poder de ensoñación de los relatos tradicionales de su gente. No es la primera vez que Jordi Arbonés traduce a Alexie y lo sigue haciendo muy bien (por eso no se comprenden deslices como "estaban complotando contra él" en la p. 159, cuando están los verbos "maquinar" y "confabular").
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 7. 23/08/1997

Este artículo pertenece a la sección "Escritores del mundo"