25/10/1997

Giuseppe Gulicchia. Todos al suelo

Giuseppe Gulicchia. Todos al suelo. Traducción de María Antonia Menini. Editorial Thassalia. Barcelona, 1997.
       120 páginas. 1.400 pesetas.
       
       Joven con humor busca empleo
       
        Muy ligera pero enormemente divertida es esta primera novela de Gulicchia, escritor nacido en Turín en 1995 y que puede añadirse a la ya larga lista de jóvenes autores europeos aparecidos en la década de los 90. Al igual que ha ocurrido en España con Loriga, Mañas o Maestre, los nuevos lectores italianos han conectado perfectamente con Nicolo Ammaniti o Enrico Brizzi, estos vendidos con la etiqueta promocional de "jóvenes caníbales". En la literatura de esta última generación hay claros elementos comunes: casi todos sus escritores parecen tender al victimismo, expuesto en un soterrado lamento de que en la sociedad creada por los chicos revolucionarios de mayo del 68 queda muy poco presente y ningún futuro para los jóvenes, que se han de comer su título universitario para aceptar un empleo temporal en una pizzería. En cuanto al enfoque elegido suele haber dos vías, paralelas o coincidentes: una es una visión poética del paso a la edad adulta, empapada de nostalgia por el paraíso perdido de la niñez y otra, una huida hacia el tremendismo de etiqueta joven, es decir, violencia, música, sexo, alcohol y otras drogas. Un tremendismo realista en algunos casos o paródico a lo Tarantino en otros. Todo esto viene a cuento para encuadrar a Giuliccia en su grupo y para apreciar en qué aspectos se aparta de él. Por encima de todo, lo que singulariza Todos al suelo es su sentido del humor, siempre presente y siempre efectivo: en las dos horas que dura leerla, se te instala la sonrisa permanentemente y la carcajada aparece con maravillosa frecuencia. Es un humor con un fondo muy crítico no exento de un escepticismo triste que lo emparenta con las películas de Nani Moretti y es ese don para lo cómico lo que anula la banalidad, lo que cambia de signo la ligereza y lo que hace que no te afecte la sombra de los tópicos.
        Walter es el personaje narrador: estudiante de filosofía, objetor de conciencia, escritor de cuentos que nadie quiere leer, inseguro joven todavía virgen. "No eres normal. A tu edad todo el mundo tiene un trabajo, un coche y una chica. Pero tú no tienes nada de eso. Tu no tienes nada de nada" Así define a Walter su padre, un ex obrero cascarrabias, un personaje exagerado adrede, que sirve para acentuar el desajuste que se da en Walter entre lo que es, lo que se espera que sea y lo que él mismo quiere ser.
        Otro valor de esta novelita es que el autor-personaje supera la tentación de constituirse en ejemplo representativo de una generación para ser, simplemente, una persona de características y circustancias individuales. Y la explicación de este logro está una vez más en el humor: pocos personajes jóvenes —por no decir ninguno— saben reirse de sí mismos tanto y tan bien como este Walter. Su paso por el servicio sustitutorio en un centro de acogida para gitanos o el empleo en una librería de lujo constituyen episodios que anuncian a un escritor satírico de primer orden. Algo que corrobora el último capítulo, en el que Giuseppe Culicchia decide que se nos hiele la sonrisa haciéndonos partícipes del momento de mayor lucidez de su personaje, el momento que podrá cambiar su vida u oscurecerla para siempre: un giro final de seriedad, un vuelco en la banalidad aparente, una muy bella visión de la esencia misma del fracaso, a la que el autor nos ha conducido con un notable sentido del entretenimiento.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 10. 25/10/1997

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores del mundo"