13/05/2002

Antonio Maenza

Presentación del documental sobre Maenza en la FNAC
       
       Esto que voy a decir no es el obligatorio tópico de las presentaciones: me siento muy halagado de que Graciela de Torres y Francisco Plou me hayan invitado a estar hoy, aquí, para la presentación de su película. Y me siento halagado porque han hecho una pieza cinematográfica, en mi opinión, más que notable. Este biopic de JA Maenza está realizado con una coherencia narrativa y una elegancia estilística tales que dudo que creadores con más experiencia que ellos lo hubieran hecho mejor. Sabíamos todos, por referencias, que iban a hacer un buen trabajo. Han superado con mucho esas expectativas, o sea que, enhorabuena.
       Lo que vamos a ver es una película de ficción sobre un personaje que realmente existió, en forma de documental. Las primeras imágenes me recuerdan a un musical, quizá un poco al estilo del "Todos dicen I Love You" de Woody Allen. Me ha parecido una idea genial para dejar las cosas claras: estamos ante un documental-comedia. Ése ha sido el enfoque de estos directores, una elección legítima. Porque, bueno, bueno..., aquí hay material de sobra para haber hecho un documental-drama: el héroe de la historia apareció muerto sobre una acera, (¿se arrojó de una ventana, lo arrojaron, hubo otras causas?) y el protagonista de la primera película de este héroe apareció muerto por sobredosis en un piso de la calle San Miguel. Elementos para el drama había de sobra pero ellos han querido hacer una película alegre, evidentemente hagiográfica, una prebeatificación de José Antonio Maenza, un "Todos Dicen I Love You, José Antonio".
        Como en toda comedia, la escena cumbre transcurre en un salón de estar. En "De noche alzamos el vuelo y en la llama morimos", en una casa del Paseo de Sagasta, sentados en el tresillo, la familia Lorén recuerda al cineasta. Maribel Lorén, muy divertida, cuenta cómo lo conoció, "Me crucé con un señor muy raro por el pasillo, nos saludamos, le gustó la casa y se quedó" Parece sacado del mejor Mihura, arrancado de "Tres sombreros de copa". Así empezó todo, un tío muy raro de 19 años pasa por Zaragoza y se queda. ¿Por qué? Porque vio que en torno al Departamento de Actividades Culturales de Filosofía Y Letras, pululaba la gente más interesante del momento y que en ese entorno (o habitáculo) podría sacar adelante su proyecto. Fue realista y pidió lo imposible y lo imposible se pudo hacer.
        Pienso que lo más excitante de aquel momento es que estábamos en un cursillo intensivo, acelerado, permanente, de aprendizaje de todas las tendencias culturales. Si te juntabas con los del Teatro de Cámara, aprendías artes escénicas y, por el mismo precio, te sacabas dos masters, uno en Bertolt Brecht y otro, en Marxismo del duro. Llegaba el periodista Joaquín Ibarz y traía todos los discos de la Revolución cubana y los de la Nova CanÇó. Venía José Antonio Rey del Corral y, gran recitador, te leía a César Vallejo y a Neruda. El poeta Manolo Esteban te ponía al día en los compositores barrocos más desconocidos y en las sobremesas de las cenas que daban María Elena Sanjuan y José Antonio Román, se desmenuzaban las últimas novelas o películas que habíamos visto. Román era de Film Ideal y Maenza, de Nuestro Cine (las 2 revistas que polarizaban el debate cinematográfico de entonces).
       Pero todo no era fiesta, claro. Hace unos días, un amigo de Graciela y Francisco me decía "He visto la película y qué envidia he sentido, cómo os lo pasábais, cómo me habría gustado estar en una movida así" No hay que tener envidia: la facultad de Filosofía era una isla en medio de una ciudad gris, terriblemente provinciana. En el ambiente flotaba un acojone latente y constante: gente del grupo, o conectada con él, pasó por comisaría, donde se practicaban interrogatorios muy amedrantadores y muy agresivos (¿lo pillan?); y si pasabas por comisaría, ya lo sabías: te quedabas sin pasaporte, o todavía peor, te desterraban a otra universidad. Maenza hizo caso omiso de aquel ambiente, como un flautista de Hamelín nos condujo a todos a una Zaragoza inventada, a un habitáculo imaginario que tenía las librerías y los cines de París (como si Libros de la calle Fuenclara o Hesperia de la plaza de los sitios estuvieran en Saint Germain des Prés), que tenía la movida beatnik o hippie de California (McLuhan, Gingsberg) o el color Pop de Londres. Fue una manera estupenda de atravesar el tardofranquismo. A la muerte de Franco, la vanguardia ya no era necesaria, no hacía ya ninguna falta ser criptico y difícil para que te dejaran expresar tus ideas. A la muerte de Maenza, ya no quedaban cines de arte y ensayo, casi nadie iba a ver películas de Godard.
       Torres y Plou han agitado la memoria sobre un artista maldito, que cumplió ortodoxamente con todas las reglas del malditismo. Se identificó con Rimbaud, Lautreamont y Pasolini; jugó con las drogas y rozó la locura; y murió joven (aunque el personaje que él había creado de sí mismo había muerto antes).
       Pero este documental sobre Maenza no sólo dirige nuestra atención sobre un artista de los 60, también abre un camino nuevo para aproximarse a la cultura aragonesa reciente. La generación previa a nosotros (Borau, Joaquín Aranda, Antonio Artero, Manolo Rotellar, Pérez Gállego, Victor Baylo) o el teatro independiente durante la dictadura están pidiendo a gritos un acercamiento de este tipo.
       
       Graciela de Torres y Francisco Plou me encargaron la presentación de su documental en la FNAC. Este es el texto íntegro de dicha presentación. Sobre José Antonio Maenza también escribí un artículo para La Crónica, llamado Maldito

jmheraldo@hotmail.comImprimir

Este artículo pertenece a la sección "Culturland"