31/01/1998

Linda Yablonsky. Jaco

Linda Yablonsky. Jaco. Traducción de Flavia Company. Muchnik editores. Barcelona, 1997. 392 páginas. 3.000 pesetas.
       
       Crónica social de una obsesión
       
       En la primera novela de Linda Yablonsky (Filadelfia, 1948) hay mucho bar, mucha noche y mucho tráfico en torno a una obsesión: la heroína. Todo transcurre en el Nueva York bohemio y alegremente moderno de los primeros años de la década de los ochenta, ese tiempo inmediatamente anterior a la aparición del sida. Quiere la autora que ésta sea una novela desde dentro del círculo de la droga, y se ve claro que la escribe con tinta muy sincera, casi enganchada. Para que no haya dudas de sus intenciones, es una mujer, aspirante a novelista, la que narra esta historia de dependencia, amistad y lealtades. Yablonsky conduce su relato por dos vías principales: una constituida por la aventura interior de la narradora a través de sus distintas fases de adicción y otra, más exterior y más artificial, centrada en sus trabajos como pequeña traficante y en su leve historia de amor con un policía. La fallida construcción de esta última trama perjudica pero no consigue ocultar lo más valioso del libro, que es la crónica social de un territorio cercado dentro de una gran ciudad, cuyas barreras están trazadas en la mente misma de sus ocupantes, amantes y esclavos del jaco: músicos de rock, pintores, camareros, cuerpos, seres desorientados que piden caballo y afecto, caballo y sexo, caballo y más caballo. La autora nos presenta este mundo obsesivo a través de múltiples diálogos y quizá sea éste método el que provoque una lectura fría; es realmente difícil simpatizar con alguno de los personajes aunque podamos comprenderlos. Jaco es como una buena fotografía a la que se hubiera colocado un grueso cristal delante. Cuando Yablonsky abandona la técnica del diálogo para escribir introspectivamente, es demasiado reflexiva: "¿Por qué me he rendido con tanta facilidad? ¿Quién se esconde debajo de mi piel? Ese jaco ha invadido todos mis sentidos. Piensa por mi, respira por mi, folla por mi" Uno no puede evitar tener en mente la novela de William Burroughs Yonqui (que precisamente se acaba de reeditar en Anagrama) en la que las palabras pinchan al lector como una jeringuilla. Yablonsky ha elegido el tono objetivo de un periodista, tono que no se puede disimular con el empleo de una primera persona narradora; además, tampoco ha querido profundizar en otros subargumentos como el de la relación lésbica entre la narradora y su compañera de piso ni en la que mantiene aquella con el policía, quizá porque cuando hay caballo y amor, primero está el caballo. Por eso, de esta novela queda, por encima de todo, una lúcida convivencia con unos seres desvalidos pero coherentes que viven en función de lo que podríamos llamar una obsesión pero que, en realidad, es una posesión: "¿Pero cómo matar a un caballo del infierno? No hay ninguna parte de tí que no le pertenezca. Todo lo que le haces a él, te lo haces a tí mismo". Buena traducción de la novelista Flavia Company.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 8. 31/01/1998

Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"