21/06/1997

Patrick McCabe. El aprendiz de carnicero

Patrick McCabe. El aprendiz de carnicero. Traducción de Maria Isabel Butler de Foley. Edhasa. Barcelona, 1997. 280 páginas. 2.500 pesetas.
       
       El asesino entrañable
       
        Comienza esta historia con un tono ingenuo y cómico propio del género picaresco, al que pertenece, pero paulatina e inexorablemente se desliza con acidez hacia lo trágico, con una carga moral de intenciones nada ambiguas. Empapada de verdad y de emoción, El aprendiz de carnicero constituye un análisis minucioso del proceso que una sociedad insolidaria, hipócrita y muy católica sigue para la fabricación de un asesino; proceso que narra el asesino mismo, es decir, la víctima.
        Poco se conoce de la literatura irlandesa actual en nuestro país, quizá el nombre que más suene sea el de Roddy Doyle, que ganó el premio Booker del 93 con Paddy Clarke Ha Ha Ha (Espasa Calpe); suyas son también las novelas Los Commitments y La camioneta, convertidas recientemente en películas. De la misma generación que Doyle es Patrick McCabe (1955), que ya había publicado en Irlanda tres títulos anteriores a El aprendiz..., novela que Neil Jordan ha adaptado para el cine. Muy probablemente sea esto lo que ha empujado a los editores españoles a publicarla: ha sido un acierto.
        No es una novela original pero sí que constituye un excelente relato del subgénero llamado "de aprendizaje" o "de formación" surgido a partir de El guardian entre el centeno. Por medio de monólogo interior que sigue en gran parte la técnica del flujo de conciencia—por la que el autor permite sin inmiscuirse que trasluzca el subconsciente del narrador— un adolescente, Francie Brady, nos implica en su iniciación a la vida adulta a partir de un rito inevitable en esta clase de relatos, una corta escapada del hogar familiar. Cuando el muchacho regresa, se entera del suicidio de su madre, lo que le dejará sin más apoyo afectivo que el de un amigo de escuela. Desde aquí Francie se erige en el héroe solitario de una novela sobre la soledad absoluta, sobre las tonalidades más oscuras de la vida en el margen, donde el yo y el infierno se confunden.
        Culpa, expiación, traición y sacrificio funcionan como cauces de una historia de fuertes reminiscencias religiosas, que McCabe opone al catolicismo oficial de la sociedad irlandesa; esta oposición es muy patente en la catarsis del relato, cuando se hace coincidir el crimen del asesino con el anuncio de una aparición de la virgen en el pueblo. Al igual que Roddy Doyle, McCabe se mueve a gusto en su visión irónica de la familia y de la pequeña comunidad, vistas a través de la gente del barrio o de los clientes del pub; alternando cerveza, canciones y risas con brutalidad, sordidez e intolerancia, el autor dibuja un sólido y muy amargo fondo de costumbrismo sobre el que se levanta el expresivo monólogo de su verdugo-víctima.
        Este tipo de relatos funciona cuando se consigue que el lector empatice con el héroe y, en consecuencia, lo entienda como verosímil y llegue a quererlo: todo esto se logra de sobras y a ello no es ajena la pericia estilística del autor en la elaboración de un discurso inconexo como el subconsciente de su pícaro, pero eficaz, inmediato y autóctono, que se beneficia de una buena traducción al español (y de la nueva colección, cómoda y bellamente diseñada, en la que Edhasa ha incluido esta novela).
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 10. 21/06/1997

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"