25/03/2000

Horacio Vazquez Rial. Las leyes del pasado

Horacio Vazquez Rial. Las leyes del pasado. Ediciones B. Barcelona, 2000.
       330 páginas. 1.900 pesetas.
       
       Los estados paralelos
       
       La historia de un país es también la de su delincuencia, que sabe adaptarse con inmensa rapidez a las circunstancias cambiantes: migraciones, guerras o convulsiones sociales. Y es que los delincuentes están al otro lado de la ley pero nunca al otro lado de la inteligencia. Horacio Vazquez Rial tiene en cuenta esto en su ya decimocuarta novela, que trata a los capos de la mafia siciliana emigrados a Argentina como si fuesen políticos de alto nivel. Porque justamente son eso: creadores de un estado paralelo al oficial, que, por otra parte, no puede dar muchas lecciones de ética; los desaparecidos durante la dictadura militar de Videla no son distintos a los asesinados por los hombres de honor de la mafia. Jefes de estado y mafiosos construyen la nación argentina del siglo XX con similares ambiciones y muy parecidos métodos.
       Las leyes del pasado tiene sangre de bestseller y como tal arranca. Sexo, violencia y primitivismo en unos primeros capítulos dedicados a las aguas que más tarde traerían lodos: los rufianes polacos y franceses que abastecerían de mujeres un inmenso territorio con demasiados hombres solos. Pero no nos engañemos, ese comienzo, que a veces linda con el folletín barato, sirve para agarrar al lector del cuello pero no es el camino por el que va a discurrir el resto del relato; es más, el patente trabajo de documentación, la mezcla de política, gran historia y delito y, sobre todo, un estilo elaborado con la claridad y la eficacia que requiere el género, producen un texto muy respetuoso para aquellos que exigen en una novela de acción un trasfondo que la proyecte a terrenos de reflexión y una escritura que la dignifique. "La relación entre la historia y los hechos es una relación literaria", dice uno de los personajes y ese principio explica que un capo afirme que "un corazón vacío se engaña con facilidad" o que alguien piense que "aunque se pierda la memoria, la historia es una bolsa llena de pasado eterno".
        La estructura se articula a través de la conversación que mantienen Stefano Bardelli, un viejo luthier, y su hijo Walter. Aunque el papel formal de narrador corresponde al hijo, es el padre el que cuenta la historia, basándose en el testimonio de un hermano periodista, Attilio, que es enviado por el mismísimo Mussolini a Argentina para informarse de los movimientos de la mafia, dividida en dos familias enfrentadas. La evolución de ese enfrentamiento es lo que constituye el núcleo argumental de la narración.
       Vazquez Rial es un dialoguista de primera y hay conversaciones que usan las réplicas, las contrarréplicas y los sobreentendidos con un ingenio y una sutileza que no son habituales. Pero cuando no hay diálogos, en parte por la buena factura de éstos, la novela decae: quizá los monólogos de Stefano den información muy detallada para explicar demasiadas circunstancias, lo que sobrecarga un discurso que tendría que ser más elíptico. He dicho que la novela decae, no que pierda interés: tiene del bestseller el magnetismo del puro entretenimiento y de la novela política e histórica, veracidad y rigor.
       Juan Marín Publicado en El País / Babelia 25/03/2000

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores en lengua española"