25/01/2009

La diversidad. Otra vez leyendo a Ricardo Moreno

Hola. Para empezar, un tópico: cada persona es un mundo. Pues sí, nadie lo discute. Cada uno de nosotros lleva encima tantas variantes genéticas, culturales, afectivas o geográficas que parece imposible que podamos vivir juntos en el mismo planeta. Y, aunque nos sorprenda, lo hacemos porque lo que tenemos en común es mucho más que lo que nos diferencia. Se calcula que unos dos millones de personas (o sea, dos millones de mundos) asistieron a la toma de posesión de Barack Obama en Washington. En esa multitud de hombres y mujeres de todas las clases sociales y de todas las edades, había negros, mulatos, blancos; listos y menos listos; gordotes y figurines; raperos y fans de Chopin. Es decir, la enorme avenida que llega hasta el Capitolio estaba llena de una incalculable diversidad. Obama dio un único discurso, que todos los asistentes escucharon en silencio y con respeto. Esa actitud igualó a dos millones de seres humanos distintos.
        imagenQué suerte tuvo Obama de que no le supervisaran las autoridades educativas españolas porque, sin duda, le habrían acusado de "negligencia en la atención a la diversidad" y le habrían hecho dar varios discursos, todos a la vez, adaptándose a las diferencias de raza, de nivel cultural o de aptitudes de cada oyente. La "atención a la diversidad" es el gran concepto que rige la enseñanza obligatoria en España y con el que se hace pasar por bueno el disparate de que lo único que se requiere a los alumnos de un mismo curso es que tengan la misma edad, merezcan o no estar en ese curso por sus conocimientos. Así no se estimulan los valores que nos igualan, como el esfuerzo, el sentido de la responsabilidad o el afán de avanzar. Son reflexiones mías, sí, pero que las hago, una vez más, tras la lectura de un capítulo, divertido y sereno, de "La buena y la mala educación", ese libro "compañero del profesor" que ha escrito Ricardo Moreno. Él, por su parte, cita a Montaigne: "En cada hombre está presente toda la condición humana, por mucho que cada ser humano sea irrepetible."
       *La imagen corresponde a un retrato de Michel de Montaigne (1533-1592)

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Escrito con tiza"