24/06/2000

Robert Saladrigas. Cómplices de ciudad

Robert Saladrigas. Cómplices de ciudad. Traducción de Flavia Company. Alfaguara. Madrid, 2000. 224 páginas. 2.300 pesetas.
       
       La naturaleza urbana de la vida
       
       Ensayista y crítico literario de prestigio, el periodista Robert Saladrigas (Barcelona, 1940) viene cultivando con regularidad su vocación de novelista: con Memorial de Claudi M. Broch (1986), ganó el Premio Nacional de la Crítica y con El sol de la tarde (1992), el premio San Jordi. Después de La mar nunca está sola (1997), ganadora del premio Carlemany, nos llega Cómplices de ciudad, que muy bien podría haberse llamado "Cómplices de Barcelona", pues ése es el plano externo y el paisaje interior de las vidas que aquí se cuentan.
        Los doce relatos que componen esta novela son testimonios ficticios que elaboran una elegía por una urbe perdida. La melancolía, cuando no la decepción o la rabia, se apodera de los personajes, en tanto que la Barcelona nueva entierra aquella que configuró sus vidas. El desarrollo urbanístico, la desaparición del paisaje industrial o la llegada de la inmigración en torno al año de los prodigios, 1992, influyen de tal manera en sus vidas que éstas cambian radicalmente o despegan hacia la muerte. Saladrigas ve a sus personajes con comprensión, incluso con simpatía pero a distancia; podría decirse que los ve desde un punto de vista zoológico. Así podría interpretarse que el primer relato esté protagonizado por palomas y el último, por un lobo. Mientras que las primeras mantienen una perfecta relación de sintonía con el hombre en una plaza de la ciudad, el lobo se mueve independiente y amenazante entre el tráfico. Hay en ello también una evidente metáfora de la evolución de Barcelona, a favor del hombre en un principio, en contra de él ahora; y de la que llega a decirse que es "una ciudad constreñida por la geografía opresora" e "indiferente y materialista".
        Los caracteres que por aquí desfilan son, en general, personas que rozan lo marginal, ligeramente esperpénticos, con una sutil inclinación por el realismo mágico, como el de la mujer que después de nueve meses de gestación se queda permanentemente embarazada; a veces hay un planteamiento humorístico que no se desarrolla en el resto de la historia, es el caso de la de ese hombre que descubre que su mujer tiene un amante desde hace doce años, dándose la circunstancia de que él dirige una afamada agencia de detectives especializada en infidelidades conyugales. Quizá el relato más interesante sea el de una curiosa venganza familiar, en el que un hijo ha de decidir en qué lugar de Barcelona arroja las cenizas de su padre. El paseo del hijo cargado con la urna mientras rememora la difícil relación con su progenitor constituye un viaje macabro, y también iluminador, de un plano urbano trazado en la memoria personal y familiar de su antihéroe.
        Pese a la variedad de pretextos temáticos, destaca un sentimiento de derrota que dota de continuidad a unos cuentos que si bien podrían leerse de manera independiente, constituyen una novela. Y esa derrota se manifiesta en tres batallas: la del hombre frente al tiempo-la enfermedad y la vejez son temas recurrentes en este escritor—, frente a su entorno humano-hay aquí mucho desamor y aislamiento-y frente a la ciudad.
        Desde una posición de autor omnisciente, Saladrigas cultiva un estilo en el que se nota demasiado la presencia del autor; a veces-y éste sería su fallo principal-da una expresión inadecuada, algo rebuscada quizá, al discurso emocional de sus personajes, como, por ejemplo, cuando escribe que alguien "desde la inmovilidad forzada se echaba a volar hacia espacios dominados por la energía de un viento astral que lo esculpía". No obstante, consigue transmitir en esta obra la relación de dos amantes condenados a no entenderse: el ciudadano con su lenta o nula capacidad de adaptación y la ciudad, que ya no se hace a la medida del hombre sino a la de las sociedades inmobiliarias."
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 8 24/06/2000

Aunque Robert Saladrigas está en la sección "Escritores en lengua española" de este blog, esta novela fue escrita en catalán y de la traducción no se encargó el autor sino Flavia Company.

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