09/09/2000

Alan Hollinghurst. El hechizo

Alan Hollinghurst El hechizo. Traducción de Javier Lacruz. Anagrama, Barcelona 2000. 346 páginas. 2.500 pesetas.
       
       Un pequeño mundo rosa
       
       Escribe Vargas Llosa en Cartas a un joven novelista (Planeta, 1997) que "la disidencia con la vida real, con el mundo tal como es," sería la recóndita razón que empuja a una persona a desafiar a ese mundo real "mediante la simbólica operación de sustituirlo por ficciones", reemplazándolo por otro "construido a imagen y semejanza del que su disidencia hubiera preferido" . Pone Vargas Llosa como ejemplo a Restif de la Bretonne, un escritor francés del siglo XVIII muy apreciado por su realismo detallista, que describe muy bien la vida cotidiana de su época, en cuya obra hay una mentira: todos los personajes femeninos positivos tienen los pies pequeños y calzan exquisitos botines. El hizo que su fetichismo pasara de ser una singularidad en la vida real a convertirse en un hecho aceptado por todos en la vida inventada. Como si acabara de leer estas Cartas, la muy leída Corín Tellado declaraba en una entrevista reciente: "Yo empecé a escribir porque no estaba conforme con aquel mundo y necesité inventar otro".
        Probablemente no haya una corriente de la narrativa actual a la que puedan aplicarse estas ideas mejor que a la novela gay. Siglo tras siglo, desde sus aspectos más políticos hasta los más humanos y profundos, la homosexualidad lleva librando un combate permanente con un mundo que no la acepta. La fuerza de esa disidencia hace casi inevitable que los autores gays escriban novelas poco auténticas pero satisfactorias, en la medida en que fabrican un universo acorde con sus aspiraciones.
        Para empezar, hay que decir que Alan Hollinghurst es ahora el mejor escritor gay anglosajón. Nacido en 1954 , de la generación de Hanif Kureishi y de Kazuo Ishiguro, tuvo un comienzo deslumbrante con La biblioteca de la piscina (1988), a la que siguió La estrella de la guarda, publicada seis años después. El hechizo es de 1998. Su gran acierto es que continua la tradición de la gran novela burguesa en la línea de Forster o de Evelyn Waugh. Dotado de una técnica depurada, culto, y buen conocedor de los recursos expresivos, aparentes y ocultos, del inglés, Hollinghurst puede hacer maravillas como, por ejemplo, dotar de altura literaria un encuentro entre hombres en unos urinarios. Pero novela a novela, este escritor ha ido reduciendo la magnitud de sus argumentos y de sus escenarios: si en la primera veíamos pasar la historia del siglo XX en Londres y en la India, contada por dos voces de edades muy distantes, en esta tercera, la acción transcurre en torno a cuatro hombres en una elegante casa de la campiña inglesa. La novela recuerda a la "alta comedia" teatral, en la que unos pocos personajes juegan a la infidelidad alrededor de un tresillo.
       Robin, un arquitecto casi cincuentón, vive con su amante Justin. Robin tiene un hijo, Danny, que acabará liándose con Alex, antiguo novio de Justin. No hay mujeres en este mundo: tan solo una amiga discreta y una vecina chismosa, que aparecen poco. Sólo hay homosexuales. Se dice que la acción transcurre en Dorset y Londres pero no es verdad; todo pasa en el País de Nunca Jamás: estos personajes tienen de veinte a cuarenta años y aunque Robin es mayor, enseguida se nos dice que físicamente "está mejor que su hijo". Se prohibe envejecer. Ellos se enamoran, se desenamoran y se ponen cuernos pero todo con gran educación, con delicadeza. Son felices. La enfermedad sale a relucir en una página y media y cargada de esteticismo; como para cumplir de mala gana con un tributo. Uno, además, se pregunta cómo viven tan bien viviendo del aire: Justin es un actor sin trabajo, Danny pone copas en un bar pero se lo gasta todo en tecnopastillas, Alex es funcionario de no sabemos qué organismo. Como en otras novelas del autor, los personajes reciben herencias o son simplemente ricos y así disponen de todo el tiempo para el amor, el sexo y las fiestas. A veces, eso sí, se aburren. Sutil y entretenida pero muy falsa. Tan falsa como una novela escrita exclusivamente a la medida de los sueños de su autor.
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 6 09/09/2000

Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"