07/10/2000

Kent Haruf. Plainsong

Kent Haruf. Plainsong. Traducción de Agustín Vergara. Planeta. Barcelona, 2000.
       314 páginas. 2.500 pesetas.
       
       Cuatro o cinco cosas que importan
       
        El éxito inesperado de Plainsong , la tercera novela de un escritor semidesconocido, tiene una explicación principal: el magnetismo de su sencillez. El título resulta ya muy significativo: salmodia, la más simple de las melodías asociadas a los oficios religiosos. Sin estridencias, sin grandes pretensiones literarias, con unas pocas lecciones bien aprendidas sobre el oficio de narrar, Kent Haruf ha inventado una historia que todos pueden entender y con la que todos pueden disfrutar. Lo consigue apoyándose en algunos mitos universales pero muy americanos: la familia, la pequeña comunidad y el ciclo de la naturaleza, pero es lo suficientemente astuto para hacer que todo parezca nuevo. Probablemente el autor parte de una premisa: la pequeña comunidad americana también acusa las convulsiones de una nueva sociedad—las madres adolescentes, el aborto, la violencia escolar o las familias monoparentales—, pero conserva en su memoria profunda los valores básicos para hacer frente a esas agresiones.
        La novela gira alrededor de tres ejes temáticos: dos hermanos, Ike y Bobby, de ocho y nueve años se inician en la aventura de vivir a través de un viaje clásico, que va del descubrimiento del sexo hasta el contacto con la muerte, pasando por el enfrentamiento con lo inevitable-su madre sufre depresiones y los deja a cargo del padre-y con la existencia indisimulada del mal; paralelamente, una muchacha de 17 años, Victoria, se queda embarazada y es expulsada de casa, siendo acogida por dos viejos granjeros-los hermanos McPherson-que han vivido siempre solos y dedicados a la cría de ganado. Por último, está el enfrentamiento de Tom Guthrie-padre de Ike y Bobby-con un alumno macarra. Todo ello sucede en el pueblo de Holt, a unos 60 kilómetros de Denver, capital del estado de Colorado. Esta cualidad territorial no es algo que deba pasarse por alto: Colorado, Wyoming o Montana —el noroeste de Estados Unidos—son la cuna del rearme moral, una geografía de montañas y desiertos donde tratan de conservarse las tradiciones de los primitivos colonos.
        Como se ve, no ocurren grandes cosas pero Kent Haruf demuestra una gran habilidad para universalizarlas. De momento, sabe transmitir muy bien el nunca pasa nada de los pueblos de manera que los acontecimientos que narra adquieran cierta grandeza mítica. Además, halla con indudable acierto el modo de unir esas tres historias, permitiendo que unos personajes en principio muy esquemáticos, como son los hermanos McPherson, crezcan y se constituyan en agentes-yo diría que de Dios-para reordenar el caos. Son estos dos viejos dos buenas invenciones: tienen la educación de los hombres de bien y la bondad de aquellos que viven de y para la tierra, pero resultan cómicos por otra parte: su mundo es tan silencioso y tan reducido-nacen terneras, se matan vacas, se anuncia la primavera o empieza el frío—, que la llegada de una adolescente que espera una ternera-no, perdón, un hijo-les sume en un estado de confusión pleno de desasosiego para ellos, pero rebosante de ternura y diversión para el lector. Igual de bien delineado está el personaje de Victoria, una joven por un lado resignada a un futuro marginal que, no obstante, posee el arrojo suficiente para romper el estreotipo de víctima. A Haruf le sobra intuición para saber que cuando se empieza a pisar el tópico hay que salir corriendo. Y pisar el tópico no es difícil en estas novelas que se basan en las narraciones tradicionales. El mejor ejemplo lo da con la profesora Maggie Jones, cuyo papel es el de intemediario que ha de facilitar el encuentro de personajes y la solución de los conflictos y que, contra toda expectativa, es un personaje creíble, de ese tipo de mujeres serenas y listas que conocen muy bien a los demás desde una posición discreta.
       Plainsong es un relato de buenos sentimientos hecho con una receta sin nada de azucar. Haruf lo consigue incluyendo la historia del enfrentamiento entre el profesor y un alumno eufemísticamente desagradable. Los padres del muchacho son peores que el hijo y los episodios en que éstos intervienen producen cierto desasosiego aunque también dan risa. Haruf ha observado bien el comportamiento del americano cutre e intolerante, lo que realza el acopio de virtudes de los otros personajes. Hay, pues, a veces, una mirada irónica sobre la pequeña comunidad para decirnos que no todo es tan idílico como parece. Lo idílico no son ciertamente los acontecimientos-giros infelices, sucesos traumáticos-sino la fuerza y los recursos para darles una salida positiva. Sólo en este pequeño pueblo inventado, hombres y mujeres sin familia acaban componiendo una sola, que perpetúa el valor de las cosas fundamentales: la verdad, el trabajo, la vertiente generosa y solidaria de los seres humanos. Una América que quizá sólo los escritores puedan recuperar.
        Pistas para el lector: si disfruta con Plainsong, también lo hará leyendo a Cormac McCarthy (todas sus novelas en ed. Debate) y a Norman Maclean (El río de la vida, en Muchnik)
       Son autores muy distintos pero que comparten el mismo territorio geográfico y moral.
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 5. 07/10/2000

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"