09/01/2005

Plegarias atendidas

Son ya muchos años, ¿cuántos? ¿unos 30?, desayunando, comiendo, cenando con el "conflicto" vasco. Me son más familiares los nombres del PNV y de Batasuna que los del gobierno de mi propia comunidad. Cuando entro en la cocina por la mañana, en los estertores del duermevela, sé que estoy despierto aquí, en España, por alguna de estas palabras que suenan por la radio: atentado, nacionalistas, lehendakari, Arazalluz, abertzale, Eguibar, autodeterminación, Otegui, bomba, estatuto, borroka, vasco, país. Día tras día, los telediarios han constado de dos partes: 1) información sobre el País Vasco y 2) el resto. Una pesadez. O sea, una tremenda pesadez. Independientemente de cualquier consideración política, la obsesión de los dirigentes legales e ilegales del nacionalismo por acaparar los medios resulta insoportable. Mi vecina Visi, que es tan suya a veces, sostiene que son ellos los culpables de que haya tanta telebasura por las tardes, después de las noticias. "Es normal que la gente coja con ganas y con gusto los líos de la familia Janeiro o los berrinches de la duquesa de Alba. Para mí, los programas del corazón tienen una función higiénica: nos recuerdan que la vida sigue al margen de los políticos y, claro, al margen del País Vasco y de sus malos rollos. Muchas veces, después de un telediario, me he oído gritar: ¡Viva Belén Esteban!", aclara la Visi, que se ha puesto seria, con gesto así, como de socióloga.
       El tema es que, hace escasos días, Ibarretxe sacó adelante su "plan" independentista gracias a los votos de los batasunos. Leo en un periódico que a Ibarretxe le pilló de sorpresa ese apoyo envenenado del planeta etarra. ¿Le pilló de sorpresa? ¿De verdad? Y qué más da... tanto tiempo dando tanto la lata en los telediarios con su proyecto que ya se ha salido con la suya. La Visi se pone pensativa: "¿Sabes que te digo? Se lo merece. Santa Teresa lo decía muy bien: se derraman más lágrimas por plegarias atendidas que por las no atendidas". Ésta sabe latín. Bueno, vale, nos vemos.

Este artículo pertenece a la sección "Las noticias me matan"