27/01/2001

Manuel Longares. Romanticismo

Manuel Longares. Romanticismo. Alfaguara. Madrid, 2000. 496 páginas. 2.850 pesetas.
       
       Crónica de una Burguesía Improductiva
       
       Los tiempos más cercanos son los más oscuros y esa oscuridad que produce la falta de perspectiva es la que está tentando a los escritores españoles a la génesis de una literatura de la transición. Desde Días Contados, de Juan Madrid, esta literatura se ha centrado en el desengaño de la izquierda ante la evolución de un socialismo más atento al parqué bursátil que a las reivindicaciones sindicales. Directa u oblicuamente, el material narrativo se buscaba en el síndrome de la decepción generacional: a los chicos de mayo del 68 les gustaba-así de simple-ser ricos.
        La quinta novela de Manuel Longares-después de Soldaditos de Pavía (1984), Operación Primavera (1992), No puedo vivir sin ti (1995), y la primera y más conocida de todas, La novela del corsé (1979)-aborda la transición por donde menos podría esperarse: por una crónica social de la burguesía improductiva del barrio de Salamanca de Madrid. Longares, nacido en esta ciudad en 1943, parece conocer este barrio muy bien. Sólo así se explica que logre dibujar con extremada precisión este tapiz de una corte del ocio, goyesco, barojiano y valleinclanesco. También está Galdós y las columnas de Umbral, los chistes de Chumy–Chúmez y la tercera de ABC. Hay una tradición de gran novela realista muy entremezclada, más en el fondo que en la superficie, con la tradición del periodismo testimonial. Longares sitúa su creación entre los límites del objetivismo y su deformación, imbuyendo el texto de ironía malévola, sin ser burlona. Pero ¿es ironía realmente o es un relato puramente objetivo de las maneras, el lenguaje, y los mecanismos de reflexión de una especie urbana muy particular? Habrá lectores que consideren Romanticismo una novela antigua; nada más falso: Longares consigue hacer eso tan difícil como es adaptar su estilo al de los tiempos que transcribe. Esto es habitual en la novela de género histórico, de contenidos anteriores al siglo XX. Pero reproducir los giros, las frases hechas, el léxico del español de hace 25 años no deja de ser una proeza. Y no sólo se recrea el lenguaje, sino-y éste sería su rasgo más destacado-se reproducen los gestos sociales. Comprar bartolillos para merendar en Viena Capellanes junto con brioche para el desayuno, perfumarse en Alvarez-Gómez, encargar retratos a Villasevil o tomar el aperitivo en California, después del paseo por Velázquez hasta Castelló, son señales de clase, identificadores de lo que en la novela se nombra como "el cogollito" de las familias bien madrileñas.
        Las 500 páginas de Romanticísmo están divididas en tres partes. En la primera, llamada Sepulcro de la memoria, la acción se sitúa en los días previos a la muerte de Franco, con retrocesos hacia la década de los 60. Se reconstruyen aquí los años de juventud y los nueve primeros de matrimonio de Pía Matesanz y José Luis Arce. Ellos encabezan el círculo de ociosos rentistas y nos dan las claves para entender la liturgia de unas gentes que temblaron con la muerte del Caudillo y la vuelta de los "rogelios", que probablemente les pasarían a cuchillo y les quitarían "los amorcetes desnudos jugando con un caniche" y otros objetos de valor. José Luis Arce, un "corazón de oro" para el capellán de la familia, organiza un comando que hace salidas nocturnas a cazar rojos en los barrios de los pobres.
        La segunda parte se titula Desajustes y se ocupa del periodo transcurrido entre la muerte de Franco, "esa fatalidad biológica, inconcebible para la tertulia de Balmoral", y el triunfo electoral del socialismo. Son años de duda, de adaptación a los nuevos tiempos, adaptación que en los Arce significa quedarse sin servicio los fines de semana y tener que entrar en la cocina a preparar bocadillos. Pero este capítulo está marcado también por la crisis. Primera crisis: una dama es secuestrada por dos jóvenes pijos y violada; segunda crisis: Virucha, la hija de Pía y José Luis, es sorprendida con una amiga pidiendo limosna en el retiro ( y es que Virucha va para artista y bohemia; de hecho, acaba siendo periodista) y tercera crisis: Pía es testigo en el jacuzzi del gimnasio de una escena de intimidad entre su marido y un amigo de la familia. Hay un atentado de ETA en el barrio, pero eso no supone ninguna crisis, tan sólo un susto.
        Restauración es el nombre dado a la última parte, que comienza ese día de octubre de 1982 cuando "los humildes ganaron las elecciones y protagonizaron la historia". Entre los diez millones de españoles que votaron al PSOE, estaban Marta Pombo y Santos Panizo. Él, contable, y ella, escritora oculta; ambos, sindicalistas reivindicativos, "rogelios". Ellos asisten a la adaptación del "cogollito" a ese socialismo financiero que igualó a los ricos de siempre y a los advenedizos. Virucha entra a trabajar en la emisora de su tío. Marta Pombo se come el orgullo de clase trabajadora para venderse profesionalmente y ascender. Mientras, su marido sigue dando caña sindicalista y acaba convirtiéndose en un ejemplar test imonial de la izquierda.
        Longares ha entrado con estrategias de gran escritor en la historia social de nuestro reciente cuarto de siglo de democracia. No hay un análisis político, ni párrafos de autor explicando lo que ya es patente. El ha elegido a unos supervivientes (fijémonos en los nombres: Lalo Pipaón, Luismi Fonseca, Chema Bacilagupe, Sisela Bonmatí, Goreti Peñalosa), que carecen de valor pero a los que les sobran los bienes muebles e inmuebles y les ha dejado que se expresen por sí solos. Por el retrato que Longares hace de esa gente-a veces, eso sí, excesivamente coral, sin individualidades de especial enjundia-y la visión de esos tiempos, artificiosa y natural, objetiva y esperpéntica (y poco romántica, la verdad), esta quinta novela suya puede llegar a deslumbrarnos.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 9. 27/01/2001
       *El título original de la reseña era "Nada cambia y ya nada es igual" pero en la redacción prefirieron ponerle el que figura arriba, quizá más periodístico.

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores en lengua española"