20/01/2001

Javier Delgado. Jardines infinitos

Javier Delgado. Jardines infinitos. Lumen. Barcelona, 2000. 156 páginas. 1.850 pesetas.
       
       Ingenio del enamorado
       
       Javier Delgado (Zaragoza, 1953) se dio a conocer con Erase una vez una niña... (1987), un conjunto de relatos de fuerte componente fantástico. Ahí se intuía a un escritor muy pendiente del lenguaje y de la narración elaborada sin premura. Su siguiente título, Memoria vencida (1992), giraba hacia el realismo de una manera bastante radical, con unas historias sobre los perdedores de la Guerra Civil en las que no disimulaba su izquierdismo; una manera como otra cualquiera de romper con la corriente narrativa de la época, marcada por la sinsustancia ideológica. Pero en 1996 aparece Cada vez infancia, cuyo título, tan lejos de lo convencional, inicia una tetralogía sobre el aprendizaje a vivir. Publicado de nuevo por Lumen, aparece ahora la segunda entrega de ese proyecto, Jardines infinitos.
        Uno se pregunta si se asustaría el lector actual al indicarle que Jardines infinitos parece una égloga idílico-pastoril puesta al día. No debe asustarse; es más, debe atreverse ante una narración que es, como mínimo, distinta. Un adolescente, Buenaventura, descubre la obsesión del amor y el misterio del sexo en una ciudad de provincias cuando se inicia el desarrollismo franquista. Los viejos edificios caen y los rincones de la memoria se oscurecen pero el joven enamorado se construye una Arcadia, un terreno utópico a salvo de todo cambio, en el parque de su ciudad, donde "hay chopos copudos, acacias, fresnos, olmos, zarzas y ailantos". La narración avanza recreándose en el lenguaje, que se centra no sólo en la descripción de ese espacio mítico sino, muy especialmente, en las maneras de hablar del amor, de dirigirse a la amada, de desentrañar las emociones juveniles. Delgado se sirve de un registro culto, muy dependiente de la tradición del conceptismo barroco; en ocasiones, se abre a lo místico desde la ironía, como cuando aborda la atmósfera de estampita religiosa de los colegios de monjas de la época. Esa ironía no impide cierta gravedad en el texto, obligada por un explícito miedo a perder la niñez. Lírica, orgullósamente melancólica, la tetralogía de Javier delgado es un raro producto literario que la editorial Lumen ha sabido mimar.
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 9. 20/01/2001

Este artículo pertenece a la sección "Escritores aragoneses"