10/03/2001

Rosa Montero. El corazón del Tártaro

Rosa Montero. El corazón del Tártaro. Espasa. Madrid, 2001. 268 páginas. 2.900 pesetas.
       
       El cobijo de las heridas
       
       La obra de Rosa Montero (Madrid, 1951) ya es considerable. Periodista de sólida trayectoria-obtuvo el Premio Nacional de Periodismo por sus reportajes-pronto sintió la necesidad de romper el austero marco estilístico que impone la información, en busca de una expresividad libremente creadora que sólo puede ofrecer la ficción. Así, desde que en 1979 publicó Crónica del desamor hasta La hija del Caníbal con la que ganó el Premio Primavera 1997, Montero escribió otras cinco novelas y dos libros de reportajes; en 1998 apareció un conjunto de relatos, Amantes y enemigos. El corazón del Tártaro, su novela más serena y mejor construida, nos llega después de una carrera trabajada paso a paso y acompañada por el éxito de ventas.
        Desde sus inicios, Rosa Montero ha cargado con la etiqueta de escritora feminista. La injusta devaluación del feminismo como marca ideológica ha podido servir también para que los autores hayan ido matizando la beligerancia de sus tesis. El corazón del Tártaro trata de ordenar un mundo que, en su avalancha de conflictos, arrastra y revuelca a un grupo de desgraciados, de hermosas personas-hombres y mujeres, por igual-que tratan de sobrevivir a sus heridas. Sofía Zarzamala acaba de salir de una guerra librada en dos frentes: la droga y la familia. Sofía-llamada Zarza-recibe una inquietante llamada telefónica de alguien que le busca y que le sigue. Escapar de él, enfrentarse a él y descubrirlo al lector, será lo que ocurra en 24 horas. A lo largo de ese día, reflexiona, recuerda y trata de reconstruir su vida. Una y otra vez surge la imagen del cubo de Rubik, como símbolo de una tarea de recomponer un modelo de orden, muy difícil pero no imposible. Lo logra Zarza a través de vías morales poco ortodoxas: teniendo todos los atributos para hacerse con la simpatía del lector, lo original es que su vida está marcada por la traición; digamos que es una atractiva superviviente metepatas. Como muchos seres humanos, no sabe querer a quienes más quiere: recurre a la delación sin atenuantes, a la artillería sentimental más destructiva, incluso al proxenetismo ocasional. Las traiciones se explican, aunque no se justifican, lo que crea un personaje atormentado por la culpa. Pero esa culpa no es suficiente lastre para que Zarza consiga al final vencer la memoria. Criada en la creencia de que su madre ha sido asesinada, esta mujer crece muy unida a su hermano gemelo, Nico, quien la introducirá en el consumo de heroína. Montero explora esta relación de gemelos a partir de leyendas reinventadas, en especial de El Caballero de la Rosa, de Chrétien de Troyes, a la que da dos desenlaces-un buen hallazgo-, con los que metaforiza la resolución del conflicto afectivo. Esto se justifica por la condición del trabajo de Zarza, que es editora de textos medievales para una editorial; sinceramente, resulta un tanto inverosímil que de la prostitución y la marginalidad se pase a un empleo tan exquisito, por mucho que la heroína se licenciara en Historia.
        Decir que El corazón del Tártaro es un thriller psicológico quizá sea insuficiente. Lo es porque trata de descubrir las claves de una amenaza, pero se nota que Montero ha tratado de ir más allá del realismo que impone el género; para ello, se recrea en la escritura, en la expresión metafórica de la frase: acaricia el párrafo. Estiliza el drama de tal manera que parece que los personajes no pelean contra sus traumas sino que se refugian al cobijo de sus heridas. A esta visión estética del dolor contribuye el lenguaje que, con muy contadas palabras de jerga, está a un nivel mucho más alto del que corresponde al submundo de la ciudad. El mismo título es un elemento de dudosa correspondencia con el contenido: "Como esos tártaros que prendieron fuego a Europa y Asia... Tal vez fue Gengis Khan, el ladrón de todas las dulzuras, quien le arrebató la infancia en su germinación y su promesa." El Tártaro es la personificación de lo oscuro, de las fuerzas destructoras de nuestra experiencia. Le ha faltado a la autora el esfuerzo de contar esta historia de amor y jeringuilla más desde dentro; digamos que ha preferido la retórica literaria a las exigencias de la novela. Y la literatura-siguiendo el ejemplo de su personaje-le ha traicionado. Pero estos reparos no obstan para que estemos ante una novela que interesa, que se lee muy bien, que gustará.
       Juan Marín.Publicado en El País / Babelia p. 9. 10/03/2001

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores en lengua española"