17/03/2001

Jim Harrison. De vuelta a casa

Jim Harrison. De vuelta a casa.. Traducción de Antoni Puigrós Jaume.
       Muchnik Editores. Barcelona, 2000. 479 páginas. 3.200 pesetas.
       
       La grandeza de un territorio íntimo
       
       Después de una consistente carrera como escritor, que incluía varios libros de poesía y cinco obras de ficción, al Americano Jim Harrison (Michigan, 1937) le llegó su etapa de popularidad y reconocimiento cuando su novela Leyendas de pasión (publicada aquí por Ediciones B) fue llevada al cine. Como aquélla, De vuelta a casa es también una saga familiar pero en ésta, la técnica y el estilo de Harrison se han enriquecido y depurado hasta el punto de haber logrado un hermosa gran novela americana. Harrison es demasiado clásico para aportar cualquier propuesta de innovación moral o estilística pero es suficientemente original dentro de la tradición épica que ha escogido, más que nada porque logra que la historia social de los Estados Unidos en este siglo se reduzca a un relato íntimo, introspectivo y lírico; la propuesta parece ser ésta: si te metes en el alma de unos pocos personajes, te metes en el alma de un país. Impermeable a los condicionamientos de lo correctamente político, ve esa alma desde un enfoque de izquierdas, solidario y ecologista, muy visceral.
       La estructura de De vuelta a casa se basa en tres capítulos, narrados en primera persona por miembros de distintas generaciones de una misma familia. Y este andamiaje tradicional, nada nuevo, se levanta con una consistencia y una técnica de primer orden. Pero no es esto solamente lo que hace que estas quinientas páginas de letra apretada se lean de un tirón sino también-aparte de la muy ajustada traducción de Antoni Puigrós-la compleja sencillez de sus personajes, que, en medio de todos sus conflictos, logran comunicar los valores éticos y las ideas que rigen su existencia. Son esos personajes los que hacen que esta novela pueda leerse como una epopeya moral, como una afirmación del derecho a la inocencia, de lo verdadero frente a lo engañoso.
        La narración en primera persona se justifica por la afición que hay en esta familia a escribir diarios; esto conecta con una característica-sorprendente para nuestros prejuicios-que es la de sus hábitos lectores. En las casas de estos hombres de campo hay selectas bibliotecas y los niños aprenden a pelear, a ordeñar vacas y a domar caballos a las vez que se sumergen en las historias de las Bronte o de Dickens. Uno de los personajes regala a su novia un libro de Octavio Paz, menciona a Camus y a Bruce Chatwin, y reconoce que le sumió en un desorden sexual la lectura de Henry Miller. Se trata, pues, de una dinastía de campersinos rudos e ilustrados. Hay un mensaje subliminal: la literatura es el mejor testimonio de nuestra historia, el mejor espejo de nosotros mismos.
       John Wesley Northridge II tenía 18 años en 1906 pero su diario se inicia en 1952, se interrumpe y se reanuda en 1956. Hijo de una sioux y de un primer poblador, echa sus raíces en Nebraska, llegando a poseer tierras y ganado que le permitirán amasar una fortuna; a pesar de ello, mantendrá la vida sencilla y austera de alguien cuya mejor posesión es la tierra que pisa. Medio blanco para los indios y "medio salvaje" para los blancos, tendrá continuos conflictos de adaptación a su propia naturaleza: bravucón e indómito a la vez que dotado de una enorme sensibilidad artística, quiere ganar las peleas y pintar como Turner. Esta primera parte puede considerarse una novela de aprendizaje y acción, aunque lo que Harrison resuelve con maestría son los episodios más profundos, como el enfrentamiento del viejo vaquero con la decadencia y la muerte.
       Antes de morir, John ha tenido que aceptar que su nieta Dalva, de 17 años, entregue su bebé en adopción a un matrimonio de abogados. La segunda parte es narrada por el personaje más contundente de la novela, este biznieto de John, hijo de Dalva y de Duane Caballo de Piedra, llamado Nelse. Nelse no pone resistencia a la llamada de la tierra. "Soy un nómada", dice a la primera ocasión y también reconoce sus tendencias a "ir a la caza de bomboncitos, a ingerir varios tipos de droga y al arte olvidado de la lucha a puñetazos". Este intelectual salvaje, cuya profesión conocida es la de "seguidor de aves migratorias" se ve impelido a ir en busca de su familia de sangre. Y ése será el viaje de descubrimiento de una tierra, de una manera de ver la vida todavía no contaminados por el poder destructivo del éxito, la competencia y el dinero. Nelse es una creación de una fuerza arrolladora y mucho se podría escribir sobre él, aunque yo destacaría el modo tan sutil con que el autor niega la idea de Nelse de que "los genes son un artilugio científico". El descubrimiento de un libro de Edward Hopper-un pintor que deprime a sus padres adoptivos—en la biblioteca de su abuelo o el nerviosismo que siente al pisar un paisaje que corre por sus venas, indican la sensible técnica de Jim Harrison. La tercera parte resuelve todo el enigma emocional de la novela y lo resuelve felizmente pero con el amargor de que volver a las raíces significa haberse alejado de ellas, y eso tiene un precio.
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 12. 17/03/2001

Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"