02/06/2001

Juan Bolea. El manager

Juan Bolea. El manager. Ediciones B. Barcelona, 2001. 285 páginas. 2.500 pesetas.
       
       Mitos de entretenimiento
       
        De lujo, ambición y sexo se hacen los bestsellers. Son sus tres ingredientes básicos pero luego se añaden subargumentos e intrigas diversas. Lo previsible es aquí un mérito, por paradójico que parezca en términos literarios, porque el bestseller es un género menor pero noble, que juega con sus cartas boca arriba: busca la emoción, el entretenimiento, la satisfacción de un lector que quiere distraerse sin complicaciones. Y eso es todo: no engaña. Hay trampas, sí, pero el lector las divisa a tiempo y cae a gusto en ellas.
        Juan Bolea (Cádiz, 1959) ha escrito una novela de consumo, trepidante, actual y que respeta las normas del género. Aunque a veces se fabrica, soy de los que piensan que hay un bestseller de autor; la lista está llena de gloria: desde Morris West hasta Jackie Collins o Vazquez Figueroa. Bolea va camino de ser un autor muy vendido si sigue en esta línea y aparca sus miedos, que los tiene. Algo natural si consideramos que está empezando a escribir en un país que huye de la literatura de entretenimiento como de un diablo muy inculto.
       En El manager uno de los dos protagonistas es un promotor de conciertos de rock-en otros tiempos, podría haber sido un empresario taurino-que tiene un cuelgue de coca que no le deja vivir. Su sueño es traer a España a Michael Jackson a dar el concierto del fin del milenio. Se llama Victor Amaral y procede de una familia gitana. Se ve que Bolea es listo, en un sólo personaje ha metido elementos muy actuales: droga, raza y rock'n'roll. Pero ahí no para la cosa. A Victor Amaral, el autor opone a David Singra, un asesor de imagen que debe su fortuna a haberlo sido de un presidente de gobierno cuyo nombre empieza por efe. El tal Singra es un trepa que, de periodista en un diario de provincias, llega a convertirse en hombre indispensable en los despachos del poder. En la novela, recibe el encargo de convertir en senador a un sexagenario traficante a gran escala. Aparecen las mujeres. Las de los bestsellers son siempre guapas, están insatisfechas y consideran que los diamantes son el mejor amigo de una chica. La rivalidad entre Amaral y Singra tiene nombre de mujer. Y la esposa del futuro senador es un poco ninfómana. Así debe ser. Los personajes secundarios están bien trazados, esquemáticos pero convincentes: hay un subdirector de periódico levemente siniestro y un reportero intrépido, que acaba recibiendo todas las tortas, y un ex boxeador y una cantante lesbiana y guerrera. El subdirector cuenta la historia: sobra esa perspectiva, confunde a veces.
        Bolea es muy diestro en la creación de la estructura, de las tramas y de las situaciones. Es más, se crece en los episodios difíciles, esos que están llenos de ruido y barullo-tan propios de la comedia americana de antaño—, como el del programa de televisión o los de la presentación y el desarrollo del concierto. Pero esta pericia se ve lastrada por su timidez. Alguien diría que resuelve los encuentros eróticos con elegancia; yo diría que con excesivo recato. La sátira en el retrato de Singra y Amaral se queda corta porque detrás de ellos no hay nada ocultable, a no ser que sean las numerosas rayitas que el gitano se mete. Incluso el malo, ese tal Embún, no pasa de ser un hombre cansado de la vida, que inspira o frialdad o compasión. La sátira ha de levantar la alfombra para ver qué hay debajo y aquí casi todo está encima. Pienso incluso que Bolea ha tenido la tentación de ir más allá del bestseller pues tiñe la personalidad de sus héroes de un romanticismo del perdedor que les hace volar hacia novelas más "serias". O más maldad y más bajas pasiones o, por el contrario, más introspección en los conflictos existenciales de los modernos profesionales del artificio, que Juan Bolea parece conocer tan a fondo. Siga la vía que siga, está capacitado para hacer un buen trabajo.
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 12. 02/06/2001

Este artículo pertenece a la sección "Escritores aragoneses"