15/03/2009

El gran olvidado

Hola. Antes de seguir, por favor, si hay niños leyéndome, que dejen de hacerlo porque voy a hablar de cuando a Rodríguez Zapatero se le escapó, la semana pasada, una palabra muy fea en público. Bueno, si los niños ya se han ido, los adultos, por favor, que no se me distraigan. Conviene repasar el incidente por si alguien no se ha enterado: con el presidente ruso Medvedev al lado y con toda la prensa delante, Zapatero declaró que se había conseguido un acuerdo para "estimular, para favorecer, para fxllxr, para apoyar el turismo ruso." ¡Glups! ¡Vaya lapsus! Naturalmente, en todos los medios se ha comentado esta jugada que el subconsciente le gastó a nuestro jefe de gobierno. El subconsciente, que no se nos olvide, es un animal indomable al que hay que llevar siempre atado con correa. Pero, ay, en ningún periódico se ha escrito ni una sola línea sobre la persona que peor lo tuvo que pasar durante ese embarazoso incidente. Yo sí que quiero hablar del gran olvidado; me refiero al intérprete simultáneo, ese currante.
        ¿Qué hizo él, o ella, cuando oyó "fxllxr"? Me pregunto si se sonrojó, se echó a reír o, simplemente, se quedó boquiabierto. ¿Tradujo la palabra? Estoy seguro de que en ruso hay una para eso porque en los idiomas que conozco no hay una sino varias. ¿Prefirió callarla? ¿O cambiarla, un poner, por "fomentar"? En fin, dicen que la interpretación simultánea es la profesión más estresante después de la de controlador aéreo. Y, encima, no goza de mucha consideración. Es más, se tiende a desconfiar de la labor de los intérpretes y eso que, a veces, tienen que solventar, por su cuenta y riesgo, situaciones difíciles. Daniel MB, un conocedor de este oficio, me comenta que, en ocasiones, ante la imposibilidad de traducir un chiste, el intérprete tiene que decir: "el orador ha contado un chiste, por favor ríanse." Y la audiencia se ríe, bien por amabilidad o porque le hace gracia el ruego en si. Y en otra ocasión, uno tuvo que hacer la interpretación de la conferencia de un filósofo alemán, ya muy mayorcete, al que no se le entendía casi nada. El intérprete, que conocía su obra, tuvo que inventarse media conferencia. Pero a él nadie le aplaudió. Venga, un aplauso para los que traducen sobre la marcha, que se lo merecen. Nos vemos.
       *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario, tienes que escribirlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Las noticias me matan"