29/03/2009

Un cadáver más IVA

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       Hola a todos. No sé si han leído "Cinco horas con Mario", una novela de Miguel Delibes publicada en 1966. Se trata del monólogo de una señora, Carmen, mientras vela el cadáver de su marido, Mario. Carmen aprovecha que él está inerte, mudo, frío, para soltarle todo lo que no se ha atrevido a decirle en su vida. Servidor vio la versión teatral, también de gran éxito: en el escenario estaba Lola Herrera, doliente y rencorosa, sin parar de lanzar reproches al hombre dentro del ataúd. Era un ataúd normal, tirando a bueno. Lo ataúdes suelen ser de 1,90 por 0,60 y la tapa puede llevar cristal o ser sólo de madera y generalmente llevan una cruz de latón, en diversos tamaños según el precio. Ignoro por cuánto le salió a doña Carmen el que eligió para don Mario, pero no sería barato. Ahora mismo, uno puede costar entre los 600 y los 6.000 euros; en 1966, no sé. Cuando vi "Cinco horas con Mario", la muerte era todavía algo relativamente distante para mí. Algunos años más tarde, la muerte empezó a llamar a mi casa y tuve que tratar directamente con los empleados de la funeraria. Me sorprendieron estos trabajadores de pompas fúnebres porque siempre me los había imaginado de piel muy pálida, un poco lúgubres, la verdad, con levita negra y sombrero de copa. Pues mira, de eso, nada. Parecen ejecutivos de una entidad bancaria o relaciones públicas de un más allá donde se exigiera vestir impecable y comportarse con una especie de desenfado contenido.
        Pero la primera vez que me he topado con ellos, fuera de una situación luctuosa, fue la otra tarde cuando iba paseando y me pararon para darme una octavilla en la que reivindicaban mejoras laborales, apoyándose en los grandes beneficios de sus empresas a las que, por muchas crisis económicas que haya, no les faltarán jamás los clientes. No sé si Mario, el mudo personaje de Delibes, había estado toda su vida pagando un seguro de entierro pero, si es así y según la octavilla, en unos seis años habría amortizado los gastos de su sepelio. Pienso, una vez más, que morirse no es nada bueno y, además, es caro porque si bien un recién nacido viene con un pan debajo del brazo (y un cheque de un rumboso Zapatero), un muerto trae, pegadita al pecho, una factura de 1.000 euros como mínimo. Y eso sin contar las flores. Nos vemos.
       
       * La imagen corresponde al cuadro "Entierro en Ornans", de Gustave Courbet (1819-1877)
       ** Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario, tienes que escribirlo por email a jmheraldo@hotmail.com

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"