26/04/2009

Lectores y clientes

imagen
       En estos días de abril, por las calles corre San Jorge a caballo a pelear contra el dragón, que va a morir inevitablemente porque así está escrito. No sé si un día, alguien se atreverá a cambiar la leyenda y el dragón se tragará al santo y a su caballo. Me alegraría, más que por el dragón, por San Jorge ya que no está mal saber lo que es perder de vez en cuando. Habría que hablar más de los dragones (y de los héroes que no conocen el bienestar de la derrota) pero no es posible porque toda la atención es acaparada por los que escriben y los cientos de libros nuevos que se publican en estas fechas en busca de lectores o, mejor dicho, de clientes. Han oído bien: he dicho "clientes". Y es que quiero referirme a esa gran teletienda en que se convierte el mundo literario cada primavera. Antes de seguir, una pregunta: ¿por qué se habla tanto de "mundo literario" cuando sólo se quiere decir "industria editorial"?
        La sensación es que no se pretende que leamos más, sino que compremos más libros. Y de las técnicas que se usan para vender este producto llamado sutilmente "novedad literaria", la más irritante en mi opinión es la de convertir al autor en tertuliano, comentarista o estrella social en programas de radio y televisión de todo tipo. La cosa no es de ahora pues, hace ya muchos años, Camilo José Cela consiguió, con tesón, que se olvidaran sus extraordinarias novelas a base de interpretar comedias bufas cuando había cámaras delante. Francisco Umbral prefirió el personaje de un escritor decadente e irascible, omnipresente en fiestas y medios de difusión, a ser un autor prudente y respetado. Son dos casos claros de víctimas de la promoción editorial extrema. Y me pregunto, ahora que a los autores se les vende más por su pinta y por sus actuaciones que por su propia obra, si todo este marketing es necesario. Del ya nonagenario D. J. Salinger, el autor de "El guardián entre el centeno", nada se sabe desde 1965. Y el imbatible superventas de este año, el sueco Stieg Larsson, murió antes de que se publicara la primera parte de su trilogía Millenium, o sea que, obviamente, ya no pudo promocionar su obra en este mundo. Los buenos libros, como los buenos lectores, buscan el silencio para vivir, crecer y propagarse. Todo ruido les estorba.
       
        * Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario, tienes que escribirlo por email a jmheraldo@hotmail.com

Este artículo pertenece a la sección "Culturland"