08/07/2000

Caryl Phillips. La naturaleza de la sangre

Caryl Phillips. La naturaleza de la sangre.Traducción de Gian Castelli. Alianza Editorial. Madrid, 2000. 258 páginas. 2.200 pesetas.
       
       Cuando los vivos envidian a los muertos
       
        La parte más malsana de Venecia en el siglo XVI eran los terrenos antiguamente ocupados por una fundición de hierro-ghetto, en italiano-al norte de San Marcos. Allí se obligó a vivir a los judíos. Condenados a la superpoblación y a una autonomía antinatural, tenían que sobrellevar el día a día del castigo y la culpa. Quizá los judíos nunca hayan podido abandonar el gueto del todo: calles, límites, olores, sonidos, miedos que han dibujado el plano del alma de un pueblo.
        El gueto, como nombre de una nueva dolencia moral que se transmite entre generaciones, es la idea motriz de la novela de Caryl Phillips. Este escritor ingles de 42 años, nacido en las Indias Occidentales ha escrito ya cinco novelas y un ensayo, La tribu europea. Phillips es un autor comprometido con las causas raciales y las migraciones, muy dotado para encubrir la investigación histórica en invenciones novelescas, lo que le ha hecho ganar el premio Martin Luther King.
        La naturaleza de la sangre es una narración poco arriesgada pero que crece con potencia a partir de una buena estructura, edificada sobre dos pilares argumentales. Por un lado, seguimos la saga de una familia judía acomodada desde el nazismo hasta nuestros días en un proceso cronológico: gueto y humillación, deportación y muerte, liberación y heridas; pero este proceso no está contado de una manera lineal porque los saltos hacia delante y hacia atrás en el tiempo son constantes y hay alternancia de voces narradoras. Además, aunque una de las hijas, Eva, se constituya en la heroína conductora de la trama, es un hermano del padre el que de una manera oculta va cerrando el círculo de la historia. Eso sí, como buen escritor anglosajón, Phillips no permite que su novela no se pueda leer con facilidad.
        Paralelamente a esta linea argumental hay otra, que discurre en tiempo y geografía muy lejanos: siglos XV y XVI en Venecia. Esta Serenísima República acaba de pasar la epidemia la peste, de la que se ha culpado, cómo no, a los judíos. Estos habían llegado poco antes allí, huyendo de la persecución en Colonia, y de ellos se decía que sacrificaban niños y que arrojaban sus cadáveres a los pozos, infectando el agua. Causantes, pues, de la peste pero respetados como prestamistas, los judíos se ven obligados a aceptar las duras leyes del confinamiento y las muy estrictas normas sobre sus actividades profesionales. Aquí, Phillips hace una reconstrucción de gran interés de la ideología de una nación tolerante como Venecia que, como supo ver Shakespeare en su Mercader, entronizó el nuevo concepto del dinero. Sobre este fondo historicista, el autor elabora un relato de amor interrracial, a cuyo héroe, un general africano al mando de los ejércitos de Venecia, también se le integra en las fuentes creadoras del Otelo shakespeariano.
        La naturaleza de la sangre no es una novela sobre la segunda guerra mundial y las políticas de exterminio del partido nazi, sino sobre las heridas causadas por esa guerra. No estamos en un frente de batalla sino en un hospital de recuperación y convalecencia. El autor ha huido de la descripción visceral del tormento físico y de las truculencias tradicionales en este tipo de narraciones para indagar en las dolencias morales, incurables en la mayoría de los casos, de un pueblo herido en su dignidad siglo tras siglo. No se habla tanto de disparos y de hambre como de inadaptación a la libertad, de suicidio, del amor sin autoestima. Una novela comprometida, sincera, que capta nuestra atención con las armas elementales de una documentación rigurosa y unos personajes que unen a su individualidad la carga de una tradición terrible, la de servir siempre como chivos expiatorios de las crisis de la historia.
       
       Juan Marín.- Publicado en El País / Babelia p. 9. 08/07/2000

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"