22/07/2000

Mordecai Richler. La versión de Barney

Mordecai Richler.La versión de Barney. Traducción de Miguel Martinez-Lage. Mondadori. Barcelona, 2000. 435 páginas. 2.800 pesetas.
       
       Nostalgia sentimentalmente incorrecta
       
        No sólo "la nostalgia ya no es lo que era"-como decía Simone Signoret-sino que además "es un absurdo pasatiempo", como escribió Luis Alberto de Cuenca; ciertamente, uno no puede evitar la mención de estas citas tras la lectura de La versión de Barney , una novela que se empeña en viajar por la nostalgia con un espíritu tan crítico que la despoja de toda complacencia. El pasado es un tiempo de equivocaciones, parece ser el mensaje del autor o de su personaje narrador, y si ya no hay manera de corregirlas, nos queda el consuelo de narrarlas por escrito. A sus 67 años, el escritor Barney Panofsky se ve obligado a dar la versión de su propia vida ante la publicación de una autobiografía de su en otro tiempo amigo Terry McGiver, llamada Del tiempo y de las fiebres. Estamos, pues, ante unas falsas memorias, pero que a base de irritación, visceralidad y soberbia pueden parecer verdaderas.
        Mordecai Richler (Montreal, 1931) es autor de una obra considerable que cultiva muy variados géneros, como la literatura infantil o los ensayos y artículos sobre la identidad cultural de Canadá; pero, sobre todo, Richler es conocido por sus nueve novelas, de las que sobresalen El aprendizaje de Duddy Kravitz (1959) y Solomon Gursky estuvo aquí (1990). La crítica anglosajona lo considera un satírico que utiliza el humor negro para hablar de los perdedores y antihéroes que quedan excluidos o se automarginan del modelo de sistema político, social o cultural imperante: judíos entre gentiles, pobres vagabundos entre ricos, o borrachos lúcidos-al estilo de Bukowski-entre pulcros intelectuales a la moda.
        Esta predilección por esos personajes se magnifica en la figura de Barney: judío, alcohólico, mujeriego, insociable, y maleducado en tanto que cree que la sinceridad es su principal virtud. En un estado de permanente mal genio, que no sólo corresponde a su manera de ser sino que está provocado por las mentiras de la autobiografía de su enemigo, Barney carece de la mínima compasión cuando juzga a los demás. En su descargo podría decirse que es igualmente duro consigo mismo: "Ésta es la verdadera historia de mi vida echada a perder: no hay más que insultos que vengar y heridas que curar"; pero aun siendo tan amarga la visión de su existencia, no tolera las acusaciones de McGiver cuando éste le describe como un intelectual fraudulento, un borrachín violento y seguramente un asesino. Barney intenta recobrar parte del sentido que haya tenido su vida y para eso tiene que "descodificarla". No es tarea fácil: se casó tres veces; su primera mujer se suicidó y se convirtió en una figura emblemática del feminismo, la segunda le abandonó en busca de mejores amantes y la tercera, que fue su gran amor, también le dejó. Su único amigo, un tal Boogie, se va autodestruyendo hasta morir asesinado, crimen del que Barney es el principal sospechoso. La descodificación es, pues, compleja y la novela formalmente se adapta con coherencia a esa tarea. Narración en primera persona, cartas, entrevistas, extractos del libro de Mcgiver, y un epílogo escrito por su hijo potencian con su diversidad textual el flujo ininterrumpido, aunque un tanto espeso y sobrecargado, de estas falsas memorias. Es una novela de un personaje acaparador, excesivo, pero que contiene una geografía interesante: París y la vida bohemia de la década de los 50, Montreal y la comunidad judía, o Canadá y las pretensiones separatistas de Quebec en los 80.
       Pero lo que queda, por encima de todo, es el discurso del viejo Barney, desbordante de insolencia e incorrección política porque quizás volver al país del pasado con la artillería de un rebelde cascarrabias sea la mejor manera de revivir la juventud.
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 7. 22/07/2000

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"