20/06/1998

Robert Olen Butler. El mar verde y profundo

Robert Olen Butler. El mar verde y profundo. Traducción de Ana Mª de la Fuente. Seix Barral. Barcelona, 1998. 192 páginas. 1.800 pesetas.
       
        El misterio de dos cuerpos
       
       Un excombatiente de la guerra de Vietnam vuelve al escenario de aquel infierno casi treinta años después. Quiere empezar de nuevo sin recuerdos, sin preguntas, en el olvido donde crece libre el deseo, la plenitud del deseo del sexo. Pronto encuentra a una mujer mucho más joven y se enamora de ella y es correspondido, pero hay indicios de que son padre e hija. Memoria contra olvido. Y gana la memoria.
        Esta novela supuso un pequeño escándalo en Estados Unidos: Robert Olen Butler está santificado culturalmente por el premio Pulitzer de narrativa— que consiguió con un hermoso y contenido conjunto de relatos, Un buen aroma de una montaña desconocida (1992)— y su tratamiento del incesto no es lo políticamente correcto que cabría esperarse. Porque en El mar verde y profundo héroe y heroína siguen adelante con su amor, con sus revolcones, con sus expectativas en el futuro a pesar de las sospechas, y así hasta que la verdad se hace inevitable. No es tan raro que una mujer joven busque un padre-amante ni que un hombre maduro quiera hacer de amante y de padre pero esto la sociedad lo permite en un espacio de fantasías afectivas y eróticas que no deben rozar la realidad de un libro de familia. Mientras que las escasas novelas sobre el tema suelen ser textos de expiación (por ejemplo, El beso, de Kathryn Harrison), la de Olen Butler es una historia apasionada, casi gozosa, de amor y sensualidad entre una virgen oriental y un rudo camionero americano de 48 años.
        El y ella, en capítulos alternos— a veces sucesivos en el tiempo y otras, paralelos— nos hablan del otro. Ella es lírica cuando observa a Benjamin, cuando reflexiona sobre su relación, cuando fantasea; cuando él piensa en Tien, es más práctico, más realista. Y ésta es una de las buenas bazas estilísticas del autor, que consigue una voz femenina y una masculina perfectamente naturales y diferenciadas. Los dos se miran a cierta distancia, se analizan con miedo poseídos ya por la obsesión de la entrega, de la pérdida de voluntad. Tratan de arrancar todo el significado del cuerpo y sus gestos. A veces este relato nos hace recordar la nueva novela francesa de los sesenta— Marguerite Duras, sobre todo— porque los cuerpos son como objetos que pueden hablarnos de nosotros, explicarnos nuestro propio misterio. Pero aquí, si esos cuerpos-objeto se tocan salen llamas. El ejercicio de contraste que realiza el autor entre la frialdad de la mirada de ambos personajes y el fuego de sus sentimientos es excelente. Y es que Olen Butler es un escritor que trabaja el estilo a conciencia, depurándolo hasta que la brevedad rebosa de sentido y de fuerza. Pero son esos dos héroes tranquilos, que inician con inocencia y arrojo un viaje trágico por la geografía corporal del deseo, lo más difícil de olvidar.
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 8. 20/06/1998

Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"