25/07/1998

Joyce Carol Oates. El primer amor

Joyce Carol Oates. El primer amor. Traducción de Dimas Mas y Mercedes Cernícharo. Ed. Edhasa. Barcelona, 1998. 110 páginas. x.xxx pesetas.
       
        La atracción del miedo
       
       Autora de más de cincuenta obras, que abarcan novela, teatro, poesía y ensayo, Joyce Carol Oates está hoy entre los mejores escritores americanos de este último cuarto de siglo. El respeto y la consideración de la crítica y los lectores no se deben sólo a la seriedad con que ha afrontado una carrera tan prolífica sino a la variedad de géneros, de temática y de enfoque estilístico que puede hallarse título a título.
        No obstante, a pesar de los cambios radicales en su mundo argumental, la novelística de Oates ofrece rasgos comunes entre los que destaca una relación ambivalente con la violencia, que presenta como fruto de unos comportamientos sociales asociados a la presión americana por el éxito, pero por la que no oculta cierta fascinación. Así se explica un fervoroso y magnífico ensayo sobre el boxeo—Del boxeo (ed. Lumen)—y un frecuente paseo por el subgénero gótico.
        La novela gótica fue enormemente popular en la Inglaterra de finales del s. XVIII. Walpole y Radcliffe son los autores que entonces establecieron unas reglas que llegaron respetadas hasta el mismo Hitchcock de Psicosis o Rebeca: lo misterioso y lo macabro atormentan y atraen a unos héroes inocentes, que se enfrentan a un peligro que desconocen en escenarios semivacíos, en ruinas o abandonados, y a estos elementos amenazantes, el siglo XX añadió la fuerza oscura del subconsciente.
       La ficción gótica desarrolló una perspectiva morbosa del miedo en la que Carol Oates se mueve como pez en el agua, y una excelente prueba de ello es esta novela corta—una nouvelle— que ahora se publica bien traducida y que tiene el encantador pero muy perverso título de El primer amor.
        Narrada en primera persona, la novelita cuenta la experiencia de la adolescente Josie cuando va a vivir con su madre, en calidad de parientes pobres, con una tía y su hijo que habitan una lúgubre casa cerca de Nueva York. Pronto Josie se siente atraída por su primo Jared, un joven expulsado del seminario por razones nunca dichas pero que continúa en casa sus estudios para ser sacerdote presbiteriano. Escenario, personajes y situación pertenecen al más puro gótico, subgénero que es seguido aquí con toda veneración, es decir, sin acudir jamás a la parodia (como hizo Jane Austen en La abadía de Northanger). Es más, cualquier sombra de parodia que pudiera poner el lector por su cuenta pronto se vería anulada por los rasgos muy contemporáneos del terror que emite este texto; la violencia que ejerce impunemente el más fuerte contra el débil y la complejidad de los sentimientos que se dan en la víctima hacen que este relato de formas clásicas se convierta en un cuento perturbador, a veces peligroso de tan cerca como te llega el filo de algunos episodios. Y es que si algo se ha mantenido de los fundamentos literarios que lo sustentan, eso es el lado que el monstruo embellece con morbo, la capacidad del miedo para convertirse en un sueño excitante.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 25/07/1998

jmheraldo@hotmail.comEl País | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"