17/10/1998

Penélope Fitzgerald. La flor azul

Penélope Fitzgerald. La flor azul. Traducción de Fernando Borrajo. Ed. Mondadori. Barcelona, 1998. 231 páginas. 1.800 pesetas.
       
        Porcelana prerromántica
       
       Dos décadas después de la publicación de El sufrimiento del joven Werther— la obra de Goethe que provocó una ola de suicidios entre los jóvenes europeos— muere a los quince años recien cumplidos Sophie von Kühn, el "angel guardian", el gran amor de Friedrich von Hardenberg, primogénito de una familia de gran linaje de la nobleza alemana, más conocido por el pseudónimo "Novalis" (Vida nueva) que usó como poeta y novelista. La obra más conocida de Novalis es Himnos a la noche, poesía amorosa de aliento místico dedicada a su amada, pero quizá la más influyente sea Heinrich von Ofterdingen, una novela inacabada sobre la búsqueda simbólica de la flor azul, que le señaló como profeta del románticismo alemán.
        La escritora británica Penelope Fitzgerald se ha atrevido a narrar la vida de Novalis centrándola en el amor sublime y arrebatado que éste sintió por Sophie y que le embarcó en una relación contra corriente no sólo debido a la extrema juventud de la muchacha sino también a su pertenencia a una familia burguesa sin parentesco con la nobleza. El resultado es una delicadísima pieza de ficción prerromántica, escrita con mirada muy contemporánea, en principio distante y aparentemente muy objetiva, pero muy comprometida con las personas y los hechos que transitan la realidad narrada. La novela de Fitzgerald debería servir de ejemplo a aquellos que tanto cultivan hoy el género histórico; mientras que la mayoría de estos autores sitúan al lector frente a una pila de tomos de enciclopedia en la que meten con calzador una trama vacía, en La flor azul, la autora capta el espíritu de la época con muy pocas referencias a la política del momento, transmite las sensaciones de la vida diaria sin dar prolijas listas de utensilios ni recetas de cocina, y hace sentir al lector los mismos sentimientos que condicionan la existencia de sus héroes. Finalizada su lectura, lo de menos es saber más sobre Novalis y Sophie, porque esta pareja de enamorados se ha convertido en un simple recurso simbólico de la filosofía prerromántica: "el arte, la naturaleza y los sentimientos se rigen por las mismas reglas"; lo que aquí importa es haber vivido la angustia de una época incierta, con el humo cercano de la Revolución Francesa, con la esperanza en los inicios de la ciencia moderna truncada por la plaga de la tuberculosis pulmonar, con la nobleza perdiendo su poder económico pero conservando su liturgia y a la vez adaptándose dolorosamente a los nuevos tiempos. Lograr que se respire el aire de la Alemania de finales del s. XVIII es el gran logro de Penélope Fitzgerald, cuyo estilo sereno, rebosante de sutilidad y elegantemente irónico (su enfoque feminista de la historia parece tímido pero resulta de enorme contundencia) la aproximan a Jane Austen. Su placidez y ese maravilloso deseo ser una escritora oculta no le impiden episodios de gran fuerza visual, como el del primer capítulo, con el día de la colada en casa de los nobles.
        Es de desear que La flor azul sirva para conocer la obra de Penélope Fitzgerald, que fue premio Booker en 1979, y que es autora de ocho novelas muy distintas, la primera de las cuales—The golden child—la escribió cuando tenía 61 años. Por último, es obligatorio mencionar la sintonía, la fluidez y el buen español de la traducción de Fernando Borrajo.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 11. 17/10/1998

Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"