21/11/1998

Laura Freixas. Entre amigas

Laura Freixas. Entre amigas. Ed. Destino. Barcelona, 1998.
       192 páginas. 1.900 pesetas.
       
        Porque el pasado envejece
       
        En los últimos tiempos del franquismo—aquel "eterno parvulario"—, Elisenda, una mujer del exclusivo barrio del ensanche barcelonés conoce a una francesa y quiere ver el mundo desde Francia, respirar el aire europeo—libre y antiprovinciano— que le llega embalado en las canciones de Brassens, de Barbara o de Brel. Francia es su territorio mítico, como lo es su pasado cuando vuelve a encontrarse con su amiga muchos años después. En los días previos a este reencuentro, Elisenda mirará hacia atrás con rabia, cuando tuvo que ser una mujer queriendo ser otra. Pero el pasado que ella y su admirada Martine se proponen destejer ya no es el mismo que era, porque aunque la memoria lo deje fijado a unas fechas muy concretas, puede envejecer, enfermar e incluso morir.
        Laura Freixas (Barcelona, 1958) se dio a conocer como directora de una colección para la editorial Grijalbo, El espejo de tinta, en la que editaba textos poco conocidos siguiendo sus dos vías predilectas: el enfoque feminista y el género confesional de los diarios, la correspondencia o la autobiografía. Coherente con sus gustos, su primera novela, Ultimo domingo en Londres, era un cruce de cartas entre tres personajes que aprendían a madurar. Pero el éxito le llegó como coordinadora y prologuista de la colección de relatos Madres e hijas (Anagrama), que rápidamente llegó a la décima edición. Entre amigas es su segunda novela y aunque estructuralmente es más sencilla que la primera, logra indagar con más profundidad en la condición femenina, deslizándose con suavidad e inteligencia por las contradicciones que han tenido que afrontar las mujeres españolas pilladas en el cambio de un régimen dictatorial a uno democrático.
        Freixas sitúa a una señorita bien de Barcelona, que se resiste a ser la rebelde oculta que ha sido su madre, frente a una francesa libre que alardea de libertad. Son dos mujeres distintas pero en el fondo son dos caras de la misma o lo serían, de haber vivido la española al otro lado de los pirineos. La condición femenina es una condición marcadamente política. En la voz de Elisenda, Freixas repasa los papeles de la mujer antes y después de la muerte de Franco: el que desempeñó su madre, el que le tocó a ella como hija o el asignado a las criadas de la casa; el que tuvo que admitir en la universidad, cuando el sexo podía y debía estar separado del amor, y finalmente el de casada y madre.
        Esta lectura política es inevitable pero no ensombrece el aspecto más interesante de la novela, que es, básicamente, la historia de una amistad. El reencuentro entre las dos amigas, dispuestas en principio a revivir el pasado pero forzadas a desmitificarlo, es un agradable juego de cartas, con mentiras y con naipes boca arriba, con trampas y alguna traición importante, en el que las dos se reparten las partidas ganadas. Al final, el premio es una amistad más sincera y más ajustada a un pasado que ya ni engaña ni seduce. El verdadero feminismo, podría deducirse, consiste en que la mujer no tenga ni se ponga trabas para aprovechar las oportunidades de ser feliz, se den éstas cómo se den, en cualquier modelo de vida.
        La autora pone un estilo pausado y muy directo, de léxico y estructura sencillos, al servicio de la descripción detallista de los sentimientos, lo que recuerda a las primeras obras de Soledad Puértolas o de Carmen Martín-Gaite, aunque la perspectiva y el tono de la voz narradora también pueden encontrarse en las cartas bien escritas o en los relatos autobiográficos de las chicas listas y sensibles. Y es que la novelista Laura Freixas sigue fiel a sus preferencias como lectora.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 10. 21/11/1998

jmheraldo@hotmail.comEl País | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Escritores en lengua española"