01/04/2000

Robert Siodmark. Forajidos

Robert Siodmark. Forajidos.
       
       Un excompañero de celda alerta al sueco: "Deja de escuchar esa arpa dorada. Te traerá muchos problemas". Pero el sueco desatiende el oráculo y como un Ulises derrotado en las batallas del ring, vuelve al extrarradio del extrarradio de Itaca (un islote llamado Brentwood) a una cita que tiene con la muerte, la más paciente de las amantes. Allí, en un café del olvido, el joven Nick Adams es testigo de un diálogo sin mucha lógica pero que contiene el muy preciso mensaje de la violencia. Nick (cuya alma está escrita por Hemingway: inocencia, valor y lealtad) corre a avisar al sueco. "Dos tipos dijeron que iban a matarte"; y el sueco oye llover.
        Entonces joven y duro, Burt Lancaster era un galán llamado a ser rey de piratas y trapecista sin red y, sin embargo, en Forajidos (1946) rechaza toda la compasión que las divinidades muestran con el héroe cinematográfico, al que suelen salvar en el último momento para entregarlo a los labios de la más bella. Lo que más impresiona de la película de Siodmark es que Ole Anderson (Burt/el sueco) acepte la muerte casi con gusto: "No puedo hacer nada. Estoy cansado de escapar." Él sabe que las dos sombras que van a dispararle no son los sicarios de un hampón, sino los de su pasado. Como muchos hombres de nuestro siglo, Ole muere porque tiene memoria.
        La memoria —desde Kafka y Sartre y, sobre todo, desde Hiroshima— es el recipiente de la culpa. "Hice algo malo en cierta ocasión", dice el sueco, contundente y ambiguo. En un mundo sin dioses, sólo tenemos nuestra libertad para dar significado a la existencia. Estamos solos ante la responsabilidad de nuestros actos, y la angustia de esa carga se transmite sin fisuras en la imagen de este antihéroe: sólo esto bastaría para considerar Forajidos una obra inequívocamente moderna.
       
       Juan Marín. Publicado en El Híbrido, nº 8, especial Cine Negro. p. 58. Zaragoza, abril 2000
       
       * Forajidos es un película de Robert Siodmark de 1946, protagonizada por Burt Lancaster y Ava Gardner. Es una adaptación de un relato de Ernest Hemingway (The Killers). En 1964, Don Siegel hizo otra versión, con Lee Marvin en el papel del "sueco".

Este artículo pertenece a la sección "Culturland"