24/05/2009

Stieg Larsson, el hombre que no testó

imagen
       
       Hola. El 9 de noviembre de 2004, en Estocolmo, murió un hombre de un ataque al corazón. Esta información carece de interés periodístico, la verdad, porque la muerte causada por dolencias cardiacas es muy frecuente en todo el mundo. No obstante, sigo hablando de este señor, que murió sin haber hecho testamento. Otro dato sin importancia ya que el caso de gente que fallece sin testar es muy común. El personal se resiste a redactar testamento porque a) ve la muerte como un accidente lejano, b) tiende a hacer suya la idea de que "el que venga detrás, que arree" y c) se resiste a verse como perteneciente a una especie efímera y el testamento es, sobre todo, un certificado de aceptación del hecho irreversible de la propia muerte.
        Bueno, ya me he distraído de lo que iba a contar. Vuelvo al hombre de 50 años que murió en Estocolmo en noviembre de 2004, etc. No era un cualquiera porque dejó un legado de unos 20 millones de euros, cantidad que sigue creciendo cada día que pasa. Este hombre, amante de la ciencia ficción, de las aventuras de Tintin y de la serie de Pippi Calzaslargas, se llamaba Stieg Larsson y es el autor de tres librotes con títulos tan largos como La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, por decir uno. Al morir sin testar, todo el dineral producido por estas novelas lo han heredado su padre y su hermano, a pesar de que Larsson compartió los últimos treinta años de su vida con una mujer, Eva Gabrielsson. Stieg y Eva ni se casaron ni se registraron como pareja de hecho por lo que, para las leyes suecas de sucesión, Eva simplemente no existe. Me pregunto cómo es posible que un escritor de novela negra, un género habitualmente atestado de cadáveres y de últimas voluntades, no hiciera testamento a favor de su compañera. Ella dice que Stieg no intuía el éxito que iban a tener sus libros y que, como todas sus propiedades eran un piso de 54 metros y una bici usada, pues que para qué molestarse. El caso es que la vida de Larsson ha terminado siendo una novela escrita no a su estilo sino al de Ingmar Bergman, una especie de drama con líos de familia y cuyo argumento central es el dinero. Mucho, mucho dinero. Porque, como es por todos sabido, nadie discute por una bicicleta de segunda mano. Nos vemos.*
       
       * La imagen que aparece al principio corresponde a una obra de Roberto González Fernández
       
       *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"