06/03/1999

Jonathan Coe. La casa del sueño.

Jonathan Coe. La casa del sueño. Traducción de Javier Lacruz. Anagrama. Barcelona, 1999. 332 páginas. 2.500 pesetas.
       
       La maldición de la vigilia
       
       Los sueños van más allá de la lógica controlada, son partes de lo admisible pero pueden conducir a un infierno de confusión. ¿Es posible salir de ellos totalmente? ¿Qué pasa cuando uno se queda atrapado en el subconsciente y la oscuridad se convierte en un espacio obsceno en el que ya no se es dueño de los sentidos? Probablemente el resultado sea el miedo a uno mismo y amortiguarlo se convierta en la suprema tarea de una vida. Las cualidades que se descubrieron en Jonathan Coe, un inglés de Birmingham nacido en el 61, a raíz de la publicación de su cuarta novela-y primera traducida en España—¡Menudo Reparto!— se intensifican en La casa del sueño, ganadora del premio de la Asociación de Escritores en su propio país y del premio Médicis a la mejor novela extranjera. Aquí también se sigue la historia a través de la coralidad de tipos y perspectivas, se combina la sátira con la intriga, y los personajes ofrecen una amplia muestra de traumas, perversiones, absoluta normalidad y comportamiento excéntrico. Pero si en ¡Menudo Reparto! Coe se movía por el universo tradicional de la familia inglesa, la Casa del sueño es puro riesgo, una aventura intelectual de sentimientos y emociones situada en el borroso límite entre el sueño y la vigilia.
        A principios de los 80, una vieja casa victoriana situada al borde de un acantilado y llamada Ashdown es una residencia ocupada por estudiantes que entretejen sus vidas en un baile de encuentros y desencuentros sexuales como en una comedia de Shakespeare. Esta parte de la acción se desarrolla en los capítulos impares mientras que en los pares, Ashdown se ha convertido, doce años después, en una clínica especializada en la patología del sueño. A esa clínica acuden los antiguos habitantes de la residencia, unos porque no pueden dormir, otros porque duermen demasiado o porque no distinguen lo soñado de lo vivido. El escenario es evidentemente gótico y la atmósfera terrorífica, en un sentido orwelliano: los pacientes están en manos de un visionario de bata blanca que quiere dominar el mundo de los dormidos, considerados como unos pobres débiles que no saben lo que se pierden al no estar despiertos. Fascistoide y mesiánico, patético y risible, el Dr. Dudden orquesta desde la creíble parodia en que le convierte el autor la existencia de unos personajes muy atractivos: Sarah, un ser vulnerable que encuentra cierta paz en la relación amorosa con otras mujeres y que es objeto del enfoque psicoanalítico de esta historia y Terry, un cinéfilo anclado en las películas europeas de arte y ensayo, inteligente pero cómicamente obsesivo, que centra el componente satírico.
        La rica trayectoria vital de los diversos personajes, la perspectiva de cada uno de ellos al relatar su relación con los demás, y el cambio temporal de un capítulo a otro hacen una novela compleja, de lectura activa, que exige un esfuerzo que no es frecuente en la ficción inglesa actual. Pero este esfuerzo se ve compensado por una complejidad nada gratuita, que se justifica por la transmisión de esas sensaciones de duermevela que tanto desasosiega a sus personajes: la visión de la luz física y sentimental con los ojos cerrados y de la penumbra cuando están abiertos; las alteraciones en la percepción del espacio entre el propio cuerpo y el de los otros; y la búsqueda del amor, más resbaladizo que nunca en unas vidas cuyos márgenes entre trabajo, descanso y sueño están borrados.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 10 06/03/1999

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"