19/06/1999

Bernardo Atxaga, Santiago Gamboa, Luis Sepúlveda. Cuentos apátridas

Bernardo Atxaga, José Manuel Fajardo, Santiago Gamboa, Antonio Sarabia, Luis Sepúlveda Cuentos apátridas.. Ediciones B. Barcelona, 1999. 221 páginas. 1.900 pesetas.
       
       El deseo, la muerte y otros universales
       
       Estas cinco historias cortas constituyen un sutil manifiesto contra lo fronterizo y lo excluyente y a favor de una universalidad de las limitaciones y de las cualidades del ser humano, cuya patria natural sería el mundo. Son textos narrativos ejemplares en su género, muy distintas en su enfoque y de gran disparidad temática, lo que produce una buena dosis de puro arte de contar y de entretenimiento.
        El cuento de Atxaga, que fue publicado por entregas en el diario El País hace dos veranos, narra una aventura siempre peligrosa, la de revivir el pasado. ¿Debe uno regresar a los sitios donde se fue feliz? Para superar una depresión surgida a raíz de un accidente que le deja cojo, un traductor de Baudelaire vuelve a París. La ciudad es más multirracial que nunca y ahora él es un minusválido abandonado por un amante español que no soporta la fealdad: hasta aquí, el autor va introduciendo las diferencias por las que podemos ser rechazados. Lo que nos iguala es el impulso a abrazar la belleza y a detener el tiempo. Y así, este hombre intenta seguir los pasos del turista joven y capaz que fue pero se ve arrastrado por el deseo, un universal que no conoce límite alguno, y su viaje gira por caminos que sólo la imaginación de un escritor puede divisar. Alegre y patético, como el deseo mismo, este cuento se erige en una de las mejores invenciones de Atxaga.
        El relato de Santiago Gamboa es vivaz, tiene un tono sostenido de comedia de enredo y con toda su ligereza, es un canto al gozo de vivir en un territorio sin mezquindades nacionales, que no puede representarse mejor que por el espacio de los aeropuertos. Un fotógrafo de prensa se enamora de una azafata asiática pero no tiene problemas en ir probando otras nacionalidades. Del aire pasa a hoteles de ninguna parte y de la piel pecosa a la más oscura, sin saber que está siendo víctima de una trama muy refinada. Gamboa introduce el humor en un volumen donde predominan los tonos graves.
        Sombría es la atmósfera del cuento de Antonio Sarabia, que se inscribe en la inquietante corriente gótica. Dos niños huérfanos heredan la vieja mansión de sus padres, donde entretienen su soledad imaginando viajes a tierras lejanas, pero intuyendo que lo más lejano es lo que tienen más próximo y que no es otra cosa que el ámbito de los muertos. Sarabia sigue escrupulosamente las leyes del género combinando claustrofobia, misterio y perversión con elegancia de estilo.
        En Nunca estuve allí, Fajardo revive un oscuro episodio en el pasado del narrador: un ataque a una leprosería en Cartagena de Indias. La agresividad del soldado se convertirá en perplejidad ante el orgullo del leproso. El enfermo rechazado le dará una lección que no podrá olvidar en su vida, aunque los hechos que la provocaron sí que se borren. Por último, Luis Sepúlveda escribe un correcto relato de género negro que toma inesperadamente rumbo hacia lo fantástico.
        En París, en Hamburgo, en Colombia o en los aeropuertos, el hombre se muere por amar, es tratado como un tonto por el deseo, mata por dinero o por venganza y quiere ser digno en su diferencia, en su tiempo y en su origen. El resto es la imaginación y el buen oficio de cinco maravillosos escritores.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 11. 19/06/1999

Este artículo pertenece a la sección "Escritores en lengua española"