José María Ridao. Excusas para el doctor Huarte

José María Ridao. Excusas para el doctor Huarte. Montesinos. Barcelona, 1999. 195 páginas. 1.800 pesetas.
       
       Cicatrices en la nostalgia
       
       Cuando la memoria exige su propio placer, abre las puertas a la nostalgia. Regreso y dolor son los componentes de esta palabra que es una vía de escape, un ejercicio de dulce masoquismo al que la literatura es sumamente aficionada. Volver a lo que hemos perdido se convierte en una elegía por la parte de nuestra vida que ya ha muerto; y revivir es sufrir pero también es concedernos la ilusoria oportunidad de cerrar heridas, de cambiar la ruta de algún viaje decisivo, de rectificar equivocaciones.
        Una nostalgia desgarrada y avasalladora atraviesa los relatos de José María Ridao, nacido en Madrid en 1961, dedicado profesionalmente a la diplomacia y autor de una novela, Agosto en el Paraíso (Montesinos 1988) que fue muy bien acogida por la crítica. Entre las cualidades que se señalaron entonces estaba la capacidad para crear un universo muy personal, un ámbito de experiencias íntimas que sigue siendo lo más atractivo de estos diez relatos que componen Excusas para el doctor Huarte. Ese mundo pertenece siempre al pasado del narrador, a sus etapas de niñez, última adolescencia o edad adulta que revisita desde una posición de infelicidad, desde la tristeza de las expectativas incumplidas.
        En primera o en segunda persona-ésta, en ocasiones falsa, pues se dirige a sí mismo— Ridao practica como pocos el arte de la evocación de ambientes anímicos pues su literatura es sentimental muy especialmente. Nada parece tener valor alguno si es ajeno a los sentimientos; esta opción suya se apoya en unos personajes de clase media, con escasos problemas en su vida acomodada. Cuando los conflictos aparecen, no se les hace frente y los personajes se paralizan esperando las consecuencias, atentos a las reacciones de los implicados: "Sólo el futuro nos dará las claves de lo que ocurrió", se dice aquí como excusa . Pero no es la única vez que aparece esta palabra porque si, por un lado, se regresa a tiempos anteriores con tristeza, por otro, en aquellos tiempos lo que todavía no se ha vivido se presiente con parecidas intuiciones de infelicidad: "El paraíso se nos volverá infierno" o "no todo el futuro podría ser igual, tendría que haber horas sin pasión".
        Los personajes de estas historias están apresados en un tiempo personal muy indefinido marcado por el miedo a no dominar las situaciones, a dar siempre pasos en falso. Es, pues, un universo de desilusión; el amor, el sexo, la amistad y los afectos familiares ofrecen por igual frágil plenitud o abierta amenaza: al tocarlos, se rompen y al recordarlos, duelen.
        José María Ridao acierta en el enfoque y en el estilo, un monólogo impresionista en el que el flujo de la conciencia interrumpe la introspección con frases muy dialogales y en el que domina el tono poético, quizá exigido por la misma temática. Lo que perjudica al volumen es el parecido entre los distintos relatos, que leídos tres, leídos todos: iguales registros, variaciones argumentales mínimas y los personajes en gran parte desdibujados por la voz narradora. Pero el discurso de este autor es suficientemente poderoso para mantener atento al lector si éste busca una buena prosa y, sobre todo, si comparte la creencia de que es en los sentimientos donde está la auténtica aventura.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 8. 24/07/1999

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