12/07/2009

La puerta prohibida

Hola. Les cuento: estoy en un bareto muy moderno, esperando que me sirvan el café con hielo que he pedido. Aprovecho la breve espera para ir a los servicios. Hay tres puertas, lacadas en negro y con manecillas de diseño minimalista en acero satinado. Por la de la izquierda, se entra en el servicio de señoras; por la de la derecha, en el de caballeros. Y en la puerta del centro, hay un letrero escrito a mano, en el que se lee: "PROBIDO ENTRAR. Solo trabajadores". Mientras hago pxs, frente a una pared de azulejos que imitan pizarra, tengo pensamientos: 1) España es la juerga, tanta decoración exquisita y luego escriben "probido" en un cartel; 2) España se hunde porque está acabando con su lengua, a base de maltratarla; y 3) ¡la culpa de que se escriba mal la tienen los sms, la tele y los chats! Con este último y colérico pensamiento, termino de hacer pxs y vuelvo a la barra.
        El café me calma y pienso que siempre ha habido faltas de ortografía porque el español tiene unas reglas y esas reglas hay que aprendérselas; e incluso a los que se las saben, se les escapa alguna faltilla. Quizá lo preocupante sea que ya no se dé importancia a cometer faltas cuando se escribe. Nadie ha corregido el cartel de "probido entrar" quizá porque se piense que, como se entiende lo que pretende decir, para qué cambiarlo. Parece ser que, viendo el panorama, vuelven con fuerza los movimientos revisionistas de nuestra ortografía, para simplificarla; ya saben, acabar con la diferencia entre la b y la v, o entre la g y la j, o suprimir la h.
        Pero hay un apartado dentro de la mala ortografía que se merece un respeto. Me refiero a las faltas de los ultracorrectos, esos que son más papistas que el papa. Decir "Bilbado" está mal, de acuerdo, pero da más categoría a la ciudad, eso es indiscutible. Y pienso que ahora que la Semana Grande (sus fiestas) encabeza la lista de tesoros del Patrimonio Cultural Inmaterial de España (por delante del Camino de Santiago o de las Fallas), Bilbao debería pasar a llamarse Bilbado definitivamente. Es una propuesta hecha con todo el cariño. Bacalao puede quedarse como está, pero Bilbao, no. En fin, no me hagan caso; son los efectos de haber leído "probido entrar" en una puerta. Nos vemos.
       
       *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"