09/08/2009

Manzanas y flechas

Altdorf es una ciudad suiza de unos 9.000 habitantes que es la capital del cantón de Uri. Una ciudad limpia, fría e idílica que, no obstante, ha tenido sus días convulsos. Muy a principios del siglo XIV, un tal Wilhem Tell paseaba con su hijo por la plaza y no hizo la reverencia exigida al soberano de Austria, que se había anexionado tierras suizas. Wilhem fue detenido y, ya que tenía fama de buen ballestero, fue obligado a lanzar una flecha a una diana perversa: una manzana colocada sobre la cabeza de su hijo. La flecha se clavó en la manzana, pero ese fue solo el comienzo de la larga historia que configuró a Wilhem Tell como héroe de la independencia de su país. O, todavía más, como héroe del repertorio legendario de la humanidad. Un hombre rebelde, una flecha y una manzana son los elementos, cargados de simplicidad y reminiscencias clásicas, con los que se ha creado este mito, que es de sombra alargada
        Más de 6 siglos después, William S. Burroughs, un escritor americano, colega de Jack Kerouac y Allen Ginsberg (líderes de la pandilla de la generación Beat), mató accidentalmente a su mujer, Joan Vollmer. Era el año 1951 cuando el escritor y algunos amiguetes se montaron un guateque en un piso de Ciudad de Méjico; probablemente, iban hasta arriba de todo, ya saben, alcohol del fuerte, marihuana, etc. En un momento de la fiesta, el escritor decidió imitar a Guillermo Tell y disparar con una pistola al vaso que su esposa se había puesto encima de la cabeza. Joan Vollmer murió en el acto, herida entre ceja y ceja. Inexplicablemente, a Burroughs su mala puntería no le llevó a la cárcel. Él dice que aquello le inició en un proceso de expiación creadora; a partir de entonces, no dejó de escribir.
        El 21 de julio pasado fue el día de la Fiesta Nacional de Bélgica y un terrorista había amenazado con que, ese día, dispararía con su ballesta al corazón de la reina Fabiola. Esta no se amilanó y asistió a las celebraciones y, al final del desfile militar, alzó el brazo y mostró sonriente una manzana. El humor de esta octogenaria fue una flecha certera al corazón del loco arquero. Dicen que la estatua de Wilhem Tell, en la plaza mayor de Altdorf (cantón suizo de Uri) todavía se está riendo.
       
       *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Las noticias me matan"