23/08/2009

No le llames tranvía

Hola. En la vieja Nueva Orleans, las líneas de tranvía tenían nombres como "Deseo" o "Cementerio". Precisamente, esas dos líneas tuvo que coger Blanche Dubois para llegar a la casa de su hermana Stella (casada con un tal Stanley Kowalski, un inmigrante polaco) en una obra de Tennessee Williams. En la obra, que luego sería una película con Brando de protagonista, el tranvía era un símbolo de la antigua sociedad sureña, aletargada todavía en sus ensoñaciones esclavistas. Williams escribía un teatro cargado de metáforas: frente al tranvía de trayectos cortos, oponía el ferrocarril, visto como una flecha hacia los nuevos tiempos. Blanche, durante toda la obra, oye trenes que pasan continuamente y que ella pierde para siempre. Aunque el sistema de tranvías sufrió graves daños a causa del huracán Katrina, Nueva Orleans mantiene ahora tres líneas pero, eso sí, ninguna de ellas se llama "Deseo".
        También quedan tres líneas de tranvía histórico en San Francisco. Son tranvías que suben las colinas con cierta insuficiencia respiratoria pero con eficacia, a pesar de ir siempre llenos. El sistema para girar no puede ser más primitivo: cuando hay una curva cerrada, unos hombres forzudos descienden del vagón y lo levantan a pulso por la parte de atrás hasta que, salvada la curva, lo vuelven a encajar en la vía recta. Mientras dura esta operación, los viajeros se bajan y observan admirados a los levantadores de vagones; es probable que alguno de ellos sea polaco, como Kowalski.
        Parecidos a los de San Francisco, los llamativos tranvías de Lisboa iluminan una ciudad que no se sabe si es azul o es gris. Y cuando suben hacia los barrios altos, estos tranvías cantan fados melancólicos pero cuando bajan, prefieren las animadas melodías de Cabo Verde o Brasil. En las novelas que transcurren en Lisboa siempre hay alguna página dedicada a los tranvías; es normal, sin ellos no existiría esa ciudad, que se escribe a si misma entre raíles.
        Creo que el nuevo tranvía que atravesará Zaragoza no debería llamarse tranvía, porque con ese nombre se apropia de una leyenda y de una literatura que no le corresponden. Llamarlo así es, claramente, una impostura. Alguien ha de inventar un nuevo nombre para ese medio de transporte que será ligero, ecológico, cómodo y todo lo que se quiera pero que nunca inspirará nada a nadie. Nos vemos.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"