31/08/2009

Historia de la octavilla

Hola. Primera parte: una misiva inesperada. Es muy bonito abrir el buzón y encontrarse con una carta del Ayuntamiento y que no sea una multa. Se trata de la misma carta para todos los vecinos del bloque, pero da igual; a mi, me ha llegado al corazón porque lo normal es que mi buzón rebose tristeza: avisos de facturas, ofertas de "2 pizzas x 1" y propaganda de audífonos. Hoy en día, reconozcámoslo aunque duela, la correspondencia con calor humano sólo se encuentra en el correo electrónico. Además, la carta del ayuntamiento tiene un punto muy molón y es que se inicia con un cariñoso "Estimado amigo". Ahora bien, leer el resto resulta difícil por el tipo de papel empleado, que es couché.
        Segunda parte: al papel couché le tengo mucha manía. Todo viene de cuando estudiaba Historia del Arte en un libro con un papel tan reluciente que no sabía cómo poner el flexo para que no se reflejara la luz. Recuerdo aquello ahora que intento leer la octavilla del alcalde en la cocina y no puedo porque estoy justo debajo del fluorescente. No entiendo por qué el Ayuntamiento ha elegido un papel con tanto brillo. ¡Qué detallazo, escribirnos a los del barrio en un papel tan caro! En fin, se nota que aquí hay pasta. Pero luego pienso que el detalle quizá no sea hacia nosotros realmente sino hacia la imprenta que ha recibido el encargo. Todo es posible.
        Tercera parte: días clandestinos. Es muy probable que don Juan A. Belloch, actual alcalde de Zaragoza, mientras preparaba oposiciones para ser juez allá por los primeros años 70, reservara algo de su tiempo para el activismo político que, entre otras tareas obligatorias, incluía la impresión de octavillas por el método casero, guarrete y barato del ciclostil. Franco estaba muy malico y a las puertas de fábricas y facultades llovían hojas de papel entintado con el olor a tabaco negro de las reuniones conspiradoras.
        Conclusión. Me aparto de la luz del fluorescente para poder leer la carta. Habla de "un gran reto zaragozano" y de los preliminares de "la obra global" del tranvía. O sea, aceras levantadas y vallas por doquier. Uf, de eso nos hemos dado cuenta nada más bajar a la calle. No hacía falta, pues, esta correspondencia municipal en edición de lujo. Pero ya se ve cuál ha sido la evolución de la octavilla: cuanto más caro el papel, menos contenido. Nos vemos.
       
       *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"