06/09/2009

Palabras ausentes

El corazón de las palabras que desaparecen sigue latiendo siempre; bueno, lo que quiero decir es que las palabras no mueren nunca sino que se ausentan por temporadas. En los tiempos del euro, es absurdo hablar del maravedí, moneda que debe su nombre a los Almorávides y que en Aragón fue importante en el reinado de don Jaime I el Conquistador, pero seguro que se oye alguna vez, con toda su sonoridad hispanoárabe, entre estudiantes y profesores de Historia, porque hay palabras que, cuando uno las encuentra, no las evita. Es verdad que el tiempo se lleva todo, especialmente el pelo y la memoria, pero el lenguaje tiene, entre otras virtudes, la de ser hereditario. Creo que las palabras se heredan adheridas a los sentimientos, lo que hace que se conserven entre algodones pues nos traen voces familiares y sensaciones a las que no deseamos renunciar. Aquí hay un tema que la comunidad científica tiene pendiente: el lugar que ocupa el léxico en la secuencia del ADN en el genoma humano. Es una idea. Una idea que quizá no valga ni un maravedí de cobre.
        Hace bien poco, me tropecé con un sitio en Internet, reservadepalabras.org, en el que se invita a apadrinar términos en desuso para impedir su desaparición. Por ejemplo, "¡albricias!" (una exclamación que denota alegría por recibir una buena noticia) es defendida por un tal Carlos porque la empleaba Don Pantuflo, padre de Zipi y Zape, las raras veces que estos traían buenas notas a casa. Seguramente, ninguna otra expresión pueda denotar tan bien un estallido de júbilo. Ahora, las buena notas producirán un subidón a quien las recibe, pero si las recibe malas, se rayará o se pillará un rebote. Está bien así, las palabras modernas pueden y deben convivir sin problemas con las antiguas. El otro día oí a una madre llamar a su niña, que jugaba en la plaza: "Ven aquí, prenda, que te voy a atar los zapatos". Esa mujer, joven y muy escoscada, utilizaba una expresión aragonesa que sin duda le viene de su propia madre. Posiblemente, en vez de "ven aquí, prenda", en otras ocasiones diga un "ven aquí, amante" que expresa más o menos lo mismo: cariño. Y es que, aunque las palabras se vayan de vacaciones y dejen su sitio a otras, los conceptos nunca nos abandonan.
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jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Culturland"