13/09/2009

Píxeles volátiles

Hola. No, no quiero entrar en un debate inútil comparando la fotografía clásica con la digital, sobre todo después de que Kodak haya decidido dejar de fabricar el rollo de película Kodachrome, que tenía casi 75 años de vida. Además, su competidora AGFA ya había tomado una decisión parecida hacía tiempo. Así pues, ¡no más carretes de fotos! ¡El siglo XXI es digital! No, no voy a decir que lo siento, que luego me llaman rancio y prejurásico, pero pienso que con las cámaras digitales la fotografía ha perdido sustancia, se ha vuelto débil, ha cogido prestadas las características del humo.
        Naturalmente, no me refiero a la fotografía de prensa ni a la artística ni a ninguna otra que no sea la doméstica. Me refiero, pues, a esa que inmortaliza nuestra propia vida: cenas con los amigotes, veraneos, una tarde en el parque, la felicidad de un día sin fecha. Ciertamente, es fácil entender las razones de los que abominan de las viejas cámaras: había que esperar hasta una semana para ver las fotos en papel o si con un carrete de 24 fotos, sólo habías hecho tres, no podías llevarlo a revelar porque hacía un duelo tremendo malgastar la película restante. Y las decepciones eran frecuentes cuando te entregaban las ansiadas imágenes: podían estar movidas o verse un dedo en primer plano. En aquellas instantáneas, lo imperdonable, sobre todo, era aparecer con los ojos cerrados o con cara seria. Y es que el encanto residía en su escenificación previa, en su preparación coreográfica para alimentar la memoria. La fotografía analógica llevaba implícita la intención de perdurar; la digital siempre tira al monte del olvido porque no necesita la física del papel (¿mate o con brillo?) sino la metafísica del ordenador, que es vulnerable, borrable, dependiente de etéreas redes.
        El jueves pasado me encontré con un colega que acababa de volver de Italia. "¡Hemos hecho 300 fotos!", me soltó en cuanto pudo. "Tenemos que quedar para que las veas". Bueno, eso va a ser una juerga en toda regla... Feliz en su empacho digital, él irá abriendo carpetitas amarillas en la pantalla de su portátil y comentándome las imágenes, muchas de ellas casi repetidas. No sé, algo me dice que volverá el carrete porque no toda pérdida ha de ser irreversible; algo me dice que un día emprenderemos la huida de lo volátil.
       
        *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"