20/09/2009

Brigitte Bardot, no solo focas

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       Hola. La BB cumple 75 años y sería imperdonable no señalar este aniversario porque si hay un icono que representa la Francia de la segunda mitad del siglo XX es precisamente ella. Y hablar de Francia es hablar de Europa, al menos hasta la caída del muro de Berlín. El caso es que Brigitte Bardot, diseñada como contrapartida al mito americano de Marilyn Monroe, pronto encontró su propio valor simbólico a través de una sensualidad y de una actitud personal decididamente provocadoras. Irrumpió en la fama social y en la cinematográfica con todo un escándalo, "Y Dios creó a la mujer", una película dirigida por su marido, Roger Vadim, al que la filmación le salió cara porque, al final, se quedó sin esposa, que le abandonó por un compañero de reparto, Jean Louis Trintignant. Por supuesto, en España "Y Dios..." estuvo prohibida durante mucho tiempo; tanto que cuando se estrenó ya había perdido todo interés. Pero la presencia de la actriz era constante en la prensa de la época, con su gesto ingenuo y la inmediata carnalidad de su cuerpo, centrada en el cuello y los hombros, siempre realzados por una melena recogida en un descuidado moño. "Parece que acaba de levantarse de la cama", decían las señoras de los últimos años 50, en un vano intento por desprestigiarla en aquellas cenas familiares en las que todavía se sacaba la sopera a la mesa.
        Aunque hizo casi 50 películas, a la Bardot nunca se le respetó como actriz a pesar de rodar con directores de prestigio como Georges Clouzot ("La verdad") o Louis Malle ("Vida privada"). En realidad, siempre fue considerada como una "starlette", una estrellita. Eso sí, una estrellita de la que siempre se dijo que había aportado más ingresos a Francia que la Renault. Ahora, el papel icónico que Bardot jugó entonces se ha asignado, muy devaluado, a las "top-models". Y vuelvo a pensar lo de siempre: escriba uno de deporte, de literatura, de cine o de política, al final siempre está escribiendo de lo mismo; es decir, de la pérdida de sustancia. Ya no hay estrellas con luz propia, sino con la luz prestada de las marcas y de las intensas campañas publicitarias de vida corta. Hoy, es imposible que una melena como la de la Bardot se convierta en un símbolo de libertad porque el protagonista será siempre, y por encima de todo, el champú. Nos vemos.
       
       *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Culturland"