12/10/2009

Tango del Palau

Patrimonio de la humanidad, el Palau de la Música de Barcelona es una joya del modernismo debida al arquitecto Lluis Domènech. Es un edificio singular por la importancia que da a las artes decorativas, tan en boga en toda Europa a principios del siglo XX. El hierro, la madera, los azulejos y las vidrieras contribuyen a una decoración muy integrada en la estructura del edificio aunque quizá excesiva en su barroquismo. Si en la obra de Gaudí se aprecia el deseo de trascender, de volar hacia lo universal, en el Palau parece dominar el deseo de complacer en un ámbito más doméstico. Con el tiempo, eso es indiscutible, se ha convertido en un ejemplo extraordinario del movimiento de las Artes y los Oficios, surgido de la revolución industrial.
        Además, el Palau ha tenido siempre un valor simbólico muy fuerte. Si el Liceo se consideraba el referente musical de las clases altas, el Palau lo era de la pequeña burguesía. Por muchas razones, el Palau acabó siendo un monumento al sentimiento nacionalista de Cataluña, como si fuera una exaltación de las virtudes de la tierra: trabajo, sensatez, inteligencia y ahorro. Es decir, el "seny" en toda la extensión de la palabra. Por eso, puede comprenderse fácilmente la vergüenza que ha sentido la sociedad catalana a ver su Palau convertido en el escenario de uno de los casos de corrupción más duraderos y más consentidos de los que están surgiendo en España. Resulta que su presidente, el señor Millet, honrado y condecorado repetidamente, ha estado robando de los fondos que él administraba durante años, basándose en la confianza que despertaba en sus benefactores. Lloraba mucho, hablaba de los apuros por los que pasaba el Palau y explotaba tanto la sentimentalidad catalanista como la generosidad del Ministerio de Cultura.
        Estuve allí no hace un año, en una actuación del grupo Gotan Project, que mezcla tango con música electrónica. El sonido era excelente y el marco, incomparable, que se dice, pero no se oyó el tango que tenía que haberse oído, el lúcido "Cambalache" de Enrique Santos Discépolo, que ahora canta por lo bajinis hasta el mismísimo Orfeó Català: "Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor... ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón..."
       
       *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Las noticias me matan"