15/10/2009

No todos están de fiesta

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       En un café de la calle Alfonso entra una señora de mediana edad, bien vestida y con un bolso grande de piel. Se pide un té y mientras se lo preparan, va a los servicios; entra en el de señoras y pasa el pestillo. Sin preámbulos, se sienta en el inodoro, abre el bolso, saca como unas diez carteras y comprueba, una por una, el botín obtenido en tres horas de trabajo durante la Ofrenda de Frutos. En total, 57 euros. "¡Mierda!", grita contrariada. Ciertamente, la media de dinero en metálico por cartera es muy baja. Un verdadero desastre.
        A pocos metros de ese café, en la calle, un hombre corpulento, de cabello y barba grises, con traje de mil rayas y corbata plateada, mira goloso la mercancía de un puesto en el que se venden coco y manzanas caramelizadas. El vendedor se atreve a decir: "Me recuerda usted al alcalde..." El hombre le interrumpe: "Póngame un trozo de coco, por favor. Ese de ahí si no le importa, que es un poco más grande". El hombre se siente locuaz: "¡Qué ganas tenía de darme un respiro! Estoy agotado de tanto acto. Además, sabe, necesito estar solo y abandonarme a mis pensamientos". El del puesto le mira absorto; su cliente sigue imparable: "Ahora estoy pensando en crear un museo de cera que sea el mejor de Europa. Con figuras de nuestra tierra, como Agustina de Aragón, Ramón y Cajal, Nayim, yo mismo, incluso..." El vendedor le interrumpe: "No creo que nadie le apoye. Yo le entiendo, porque usted es un soñador y yo también lo soy. Y los soñadores estamos condenados a la soledad". Por alguna razón, estas palabras emocionan al hombre que se parece al alcalde y los ojos se le humedecen mientras da un mordisco al trozo de coco.
        La señora del bolso grande de piel se arregla un poco el pelo frente al espejo del servicio de señoras mientras habla sola como muy bajito: "Con esta pxtx crisis, este oficio (de carterista) va a desaparecer. Paga el AVE desde Madrid, paga la pensión; come fuera de casa durante una semana, birla 10 carteras y ¿qué botín me saco? Una risa. Porque me ha pillado muy mayor que si no, me cambiaba al timo por Internet..."
        El hombre va a pagar el trozo de coco pero no encuentra el monedero en ninguno de sus bolsillos. El vendedor, que sabe mucho de la vida en la calle, sonríe: "Tranquilo, le invito. Todo queda entre soñadores".
       
       *Este artículo se ha publicado en la sección LA DULZAINA del cuadernillo especial de Fiestas del Pilar de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Fiestas del Pilar"